David Foster Wallace. Entrevistas breves con hombres repulsivos.

junio 8, 2012

David Foster Wallace, Entrevistas breves con hombres repulsivos
Mondadori, 2009. 404 páginas.
Tit. Or.: Brief interviews with hideous men. Trad. Javier Calvo.

Como siempre, reseñar un libro que leí hace casi tres años no es tarea fácil. Sin embargo me acuerdo mucho de la idea general que me transmitió ste libro y de algunos de sus relatos.

El conocimiento puede provocar la ataraxia. Saber demasiado nos puede meter en un bucle infinito del que puede ser imposible salir. Puedo bailar y estar disfrutando, pero si me veo en un espejo puedo pensar que estoy haciendo el ridículo, bailar peor y dejar de disfrutar. Muchos de los protagonistas de estos relatos se ven asfixiados por situaciones parecidas, y da la impresión de que al propio autor, al escribir, le pasa lo mismo. La necesidad de ser original en la escritura impide que pueda escribir con libertad.

Unos hombres discuten como deben comportarse con las mujeres, deshechada la actitud tradiciona machista pero sin encontrar una nueva actitud que no pueda ser malinterpretada. Una mujer deprimida agobia a una amiga de su grupo de apoyo contándole una lista interminable de problemas entre los que se encuentra, precisamente, el ser tan pesada con sus problemas…

Una colección de relatos muy recomendable.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (281/365)

Extractos:

EL DIABLO ES UN HOMBRE OCUPADO
Y cuando encontraba algo que estaba nuevo o cuando limpiaba el cobertizo de las máquinas o la bodega a menudo papá descubría que tenía algún trasto que ya no quería y del que tenía que librarse y como estaba muy lejos para llevarlo en la camioneta hasta el vertedero o a la tienda Goodwill del pueblo llamaba por teléfono para poner un anuncio en el Trading Post del pueblo para regalarlo a quien lo quisiera. Porquerías como un sofá, una nevera o una caña vieja. El anuncio decía: Es gratis ven y llévatelo. Y aun así siempre pasaba un tiempo desde que lo ponía hasta que alguien llamaba y el trasto se quedaba en el porche molestando a papá hasta que uno o dos tipos del pueblo llegaban por fin a casa para echarle un vista-. zo. Y resultaba que se mostraban desconfiados y ponían una cara impenetrable como si estuvieran jugando a cartas y daban vueltas alrededor del trasto y lo tocaban con la punta del zapato y decían: Dónde lo has encontrado qué le pasa cómo es que tienes tantas ganas de librarte de él. Negaban con la cabeza y hablaban con su parienta y dudaban todo el tiempo y sacaban a papá de sus casillas porque lo único que él quería era regalar una caña vieja a cambio de nada y sacarla del porche y en cambio allí seguían robándole su tiempo y obligándole a dar más y más rodeos con aquella gente para convencerlos de que se la llevaran. Hasta que se cansó y entonces cada vez que quería librarse de algo lo que hacía era colocar un anuncio en el Trading Post y poner cualquier precio idiota que se inventaba sobre la marcha cuando hablaba por teléfono con el tío del Trading Post. Cualquier precio idiota que fuera prácticamente nada. Rastra Vieja Con Dientes Un Poco Oxidados $5, Sofá Cama JCPenny Verde y Amarillo $10 y rollos por el estilo. Y entonces pasó que llamaba la gente el primer día que el Trading Post publicaba el anuncio y se acercaban desde el pueblo y hasta venían de otros pueblos más lejanos donde también se recibía el Trading Post y aparcaban removiendo toda la grava y apenas miraban el trasto e intentaban que papá se quedara con los cinco dólares o los diez dólares como fuera antes de que alguien más se lo pudiera quedar y si era algo pesado como el sofá yo les ayudaba a cargarlo y se lo llevaban en un santiamén. Ponían una cara distinta, igual que sus mujeres en la camioneta, estaban contentos y sonrientes y cogían a la parienta por la cintura y se despedían de papá con la mano cuando se alejaban. Muertos de felicidad por haberse llevado una rastra vieja por prácticamente nada. Le pedí a papá que me explicara cuál era la moraleja de aquello y me dijo que debía de ser que no se podía enseñar a cantar a un cerdo y luego me dijo que fuera a sacar la grava de la zanja con el rastrillo antes de que se le jodierá el desagüe.


[…]el hecho de que el suegro siempre parece mostrarse ostensiblemente frío y arrogante en sus modales hacia X durante estas visitas obligadas, mientras que a su vez X, de pie y sumamente incómodo detrás de su mujer mientras a esta le hacen un ademán suplicante para que se incline sobre la cama del enfermo igual que una cuchara o una vara de metal es conminada a doblarse hacia delante por la escalofriante fuerza de voluntad de un mentalista, normalmente se siente abrumado en primer lugar por la alienación, luego por el disgusto y el resentimiento y finalmente por una verdadera malevolencia hacia el viejo de mirada férrea que, la verdad sea dicha, X siempre ha creído secretamente que era un gilipollas de primera categoría, y ahora siente que un simple destello de las gafas trifocales del suegro le molesta, y no puede evitar sentir odio hacia él; y el suegro, a su vez, parece captar el odio involuntario de X y responde mostrando de forma inequívoca que no se siente en absoluto contento, animado o respaldado por la presencia de X y que desearía que X no estuviera allí en la habitación con la señora X y el flamante técnico en enfermos desahuciados, un deseo que X siente que comparte amargamente en su interior por mucho que se esfuerza en mostrar una sonrisa todavía más amplia, compasiva y generosa dirigida a la habitación en general, de forma que X siempre se siente confuso, asqueado y colérico en la habitación de enfermo del viejo con su mujer y siempre termina preguntándose qué demonios está haciendo allí.


El sexto solo funciona después de rehacerlo hasta que resulta intolerablemente largo y cargado de digresiones y, tal como temes, probablemente demasiado denso y tan lleno de recodos que nadie llegará siquiera a la parte final de los interrogatorios. Además, en la temible Fase de Revisión te das cuenta de que la reescritura del texto número 6 depende en tanta medida de la primera versión que tienes que volver a incorporar esa primera versión en el octociclo, aunque esa versión (es decir, la primera versión del texto número 6) se desploma por completo recorrido un 75 por ciento del camino. Decides intentar paliar el desastre estético que supone tener que encajar la primera versión del 6 haciendo que esa versión sea honesta y diga a las claras que no se sostiene y no funciona como «Acertijo Pop» y haciendo que la reescritura del texto 6 empiece con la admisión lacónica y no apologética de que se trata de otro «intento» de hacer la misma palpación o interrogación que la primera vez. Estas admisiones internas a la narración tienen la ventaja adicional de que diluyen ligeramente la pretenciosidad que supone estructurar los textos breves como «acertijos», pero también tienen la desventaja de que coquetean con la autorreferencia metanarra-tiva —a saber, el hecho de incluir en el argumento argumentos como «Este Acertijo Pop no funciona» y «He aquí otro intento del número 6»— que a finales de los noventa, cuando incluso Wes Craven está explotando la autorreferencialidad metanarrativa, puede parecer pobre, gastado y fácil, y también corre el riesgo de comprometer la extraña perentoriedad con que quieres que tus textos interroguen sobre lo que sea a quien los lea.


E.: Además, recuerda que las chicas posfeministas de hoy saben que el paradigma sexual masculino y el femenino son fundamentalmente distintos…
K.: «Marte y Venus».
E.: Sí, exacto, y saben que como mujeres están programadas por la naturaleza para tener una visión más altruista y más a largo plazo del sexo y a pensar siempre en términos de relaciones más que en términos de follar simplemente, de forma que si una mujer se hunde de inmediato y folla contigo, ella cree que en cierta forma te estás aprovechando de ella.
K.: Esto, por supuesto, es porque la época posfeminista actual es también la época posmoderna, en la que se supone que todo el mundo conoce a la perfección todo lo que sub-yace a todos los códigos semióticos y convenciones culturales, y se supone que todo el mundo sabe con qué paradigmas está actuando todo el mundo, y por tanto se entiende que todos como individuos somos mucho más responsables de nuestra sexualidad, porque todo lo que hacemos es consciente y está informado de una forma sin precedentes.
E.: Pero al mismo tiempo ellas están bajo una presión biológica increíble que las obliga a buscar pareja, aposentarse, tener hijos y criarlos, y si no, léete el rollo ese de Las normas, e intenta explicarme por qué es tan popular.
K.: El problema es que se espera de las mujeres de hoy que sean responsables ante la modernidad y al mismo tiempo ante la Historia.
E.: Por no mencionar la pura biología.
K.: La biología ya está incluida en el espectro de lo que yo llamo «Historia».
E.: Entonces estás usando «Historia» más bien en un sentido foucaultiano, ¿no?

2 comentarios

  • Madison junio 9, 2012en4:18 pm

    Toma nota creo que es muy interesante, me gusta el autor y éste libro no lo he leido
    Un abrazo

  • Palimp junio 9, 2012en5:43 pm

    Espero que te guste.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.