David Eggers. Lo mejor de McSweeney’s II.

abril 28, 2014

David Eggers, Lo mejor de McSweeney's II

Segunda parte de este recopilatorio que incluye los siguientes cuentos:

Kevin Brockmeier, El Techo
Aleksandar Hemon, El caso Kauders
Gabe Hudson, Notas desde un bunker junto a la autopista 8
Stephen J. Shalit, Un recuerdo egipcio
Glen David Gold, Las lágrimas de Squonk, y lo que sucedió después
Jim Stallard, Sin jueces no hay faltas
Nathaniel Minton, Una cuerda triple
Judy Budnitz, Cisterna
K. Kvashay-Boyle, Santa Pandillera
Tom Bissell, Dios vive en San Petersburgo
Ann Cummins, La casa de las hormigas rojas
Jonathan Ames, El affaire Nista
Jonathan Lethem, Con K de kopia
Paul Collins, La Chifladura de Banvard
Sheila Heti, El hombre de fuera de la ciudad
A. M. Homes, No molesten

Si el primer volumen fue un poco decepcionante, hasta el punto que pensaba que si esto era lo mejor que no sería lo peor, este tiene mejores cuentos. Notas desde un bunker junto a la autopista 8, sobre un marine cuyo padre, veterano del vietnam, protesta contra la guerra del golfo haciéndose gay, y cuyo hijo deserta, se esconde en un bunker con un compañero secuestrado y ocho chimpancés, es sublime. Para destacar también Santa Pandillera, el día a día de una adolescente musulmana en un instituto de EEUU, Dios vive en San Petersburgo, misionero camuflado de profesor de inglés moviéndose en las aguas oscuras de su pulsión sexual, y el que cierra el volumen, No molesten matrimonio que no se aguanta y que, cuando descubren que la mujer tiene cáncer, la situación no hace más que empeorar. Otros, con aire más postmoderno y experimental (Un recuerdo egipcio, Con K de kopia) me han dejado bastante frío.

Dentro de la no ficción La Chifladura de Banvard, sobre la vida de John Banvard y sus panoramas, muy interesante.

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
¿Qué coño hago aquí?, me pregunté. ¿Cómo puedes defender a un país que aniquiló completamente a los nativos americanos, una civilización majestuosa que patentó el mocasín y controlaba el clima mediante una forma primitiva e inalámbrica de breakdance? ¿Por qué como Pueblo deberíamos exaltarnos por haber destruido la pipa de la paz en favor de la ironía y la pipa de crack? Un país cuya bandera sedienta de publicidad es un profiláctico en contra de la compasión y sinónimo de un pene termodiri-gido (Dios) que blande su ignorante semilla de desprecio y derecho para todo y ante cualquier cara atribulada que encuentra. Un país cuyo servicio secreto conspiró para disparar a su primer orador motivador, Martin Luther King. Un país que apisona todo el planeta como una pelota de golf obesa, contaminando pueblos inocentes con su Virus Blanco de base tecnológica mientras arma caballeros a dictadores asesinos como directores ejecutivos de la llamada nueva economía global. Un país donde las mujeres son deportadas a una celda (la cocina) y se las mantiene prisioneras de los grilletes del delantal, esposadas con espátulas y utensilios de pastelería, y donde en la unidad monetaria de la dignidad humana una vagina relega a su dueña a la condición de un cero a la izquierda. ¿Por qué la Élite Poderosa de América no reconoce que una persona capaz de hacer manar leche de sus pezones es claramente superior a una que no puede? Una mujer presidente sería capaz de alimentar a los bebés americanos hambrientos con sus pezones. ¿Y dónde encaja la palabra «amor» en todo esto? Entonces hallé la respuesta: Eres un maldito idiota.

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