David Brin. Gente de barro.

octubre 20, 2006

Ediciones B, 2003. 553 páginas.
Tit. Or. Kiln people. Trad. Rafael Marín.

BrinGenteBarro
Almas fotocopiadas

La compra al por mayor de los ejemplares de saldo de la editorial Nova me ha reportado más decepciones que alegrías, como puede verse en este cuchitril. Si a eso le sumamos que la obra Arrecife brillante, de este mismo autor, me resultó muy floja no se entiende muy bien como es que compré este libro hace un mes. Hasta mi amigo Mon no me habló con excesivo entusiasmo de la novela.

Pero como siempre hay épocas en las que no te apetece pensar demasiado, nunca viene mal un poco de evasión, aunque no sea de excesiva calidad. Para mi sorpresa, el libro no está nada mal; ameno, entretenido y, salvo el final un poco cogido por los pelos, bastante redondo. Quizás mis pocas expectativas me hacen mirarlo con más cariño. En cualquier caso, nada que ver con aquel Arrecife brillante que era un tostón.

Estamos en una sociedad que permite crear una especie de golems, copias de barro de una persona con una duración limitada de un día. Así, mientras el original puede dedicarse a disfrutar de la vida, sus copias se encargan de trabajar por él, o de hacer las ingratas tareas de la casa. Al final del día las copias descargan los recuerdos en el original y se reciclan. A Albert Morris, uno de los mejores detectives de la época, le encargarán un trabajo sencillo en apariencia, pero que -como en cualquier novela negra- es más de lo que aparenta. El futuro del mundo está en juego.

El tener a varios dobles en marcha permite un interesante juego narrativo. La historia está contada desde diferentes puntos de vista que sin embargo son de la misma persona. El resultado es atractivo. Por fin un libro que contar entre los aciertos de la compra. No será un clásico de la ciencia ficción pero se lee con gusto. Recomendable.

Escuchando: El payaso. Elefantes.


Extracto: [-]

Yo soy demasiado agarrado para permitirme todas esas opciones a la moda. Pero una característica que siempre incluyo es la hiperoxigenación: mis ídems pueden contener mucho tiempo la respiración. Viene bien para un trabajo en el que nunca sabes si alguien va a gasearte, o a meterte en el maletero estanco de un coche, o a enterrarte vivo. He absorbido recuerdos de todas estas cosas. Recuerdos que no tendría hoy si el cerebro del ídem hubiera muerto demasiado pronto. Afortunado de mí.

El río, frío como el hielo lunar, corría ante mí como una vida desperdiciada. Una vocecita habló mientras me hundía cada vez más en las turbias aguas, una voz que había oído en otras ocasiones.

«Ríndete ahora. Descansa. Esto no es la muerte. El tú verdadero continuará. Hará realidad tus sueños. Los pocos que te quedan.»

Bastante cierto. Filosóficamente hablando, mi original era yo. Nuestros recuerdos diferían sólo en un horrible día. Un día que había pasado descalzo, en calzoncillos, haciendo trabajo de oficina en casa mientras yo investigaba por los bajos fondos de la ciudad, donde la vida vale menos que en una novela de Dumas. Mi continuidad presente importaba muy poco en la gran escala de las cosas. Respondí a la vocecita como de costumbre. «Al carajo el existencialismo.»

Cada vez que entro en la copiadora, mi nuevo ídem absorbe instintos de supervivencia que tienen un billón de años. «Quiero mi otra vida.»

Para cuando mis pies tocaron el resbaladizo fondo del río, estaba decidido a darle una oportunidad. Casi no tenía ninguna posibilidad, por supuesto, pero tal vez la fortuna estaba dispuesta a estrenar un nuevo mazo de cartas. Además, otro motivo me impulsaba.

No dejes que ganen los malos. Nunca les dejes salirse con la suya. Tal vez yo no tenía que respirar, pero moverse seguía siendo difícil mientras luchaba por plantar los pies, de cabeza en el lodo, donde todo era resbaladizo y viscoso al mismo tiempo. Habría sido difícil conseguir avanzar con un cuerpo entero, y el reloj de éste se estaba agotando.

¿Visibilidad? Casi ninguna, así que maniobré basándome en la memoria y en el sentido del tacto. Pensé en abrirme camino río arriba hasta los puntos de atraque de los transbordadores, pero recordé que el barco vivienda de Clara estaba atracado a un kilómetro más o menos, corriente abajo, desde la plaza Odeón. Así que dejé de luchar contra la fuerte corriente y me dejé llevar por ella, dedicando todos mis esfuerzos a permanecer cerca de la orilla.

No me habría venido mal ir equipado con sensores de dolor de control variable. Como carecía de ese rasgo opcional (y mientras maldecía mi propia tacañería), contuve una mueca de agonía mientras avanzaba paso a paso por el absorbente lodo. El duro fango me dio poco tiempo para pensar en el angst fenomenológico al que se enfrentan las criaturas de mi especie.

«Yo soy yo. Por poca vida que me quede, sigo considerándola preciosa. Sin embargo renuncié a lo que queda al saltar al río para ahorrarle a otro tipo unos pocos créditos.

»Un tipo que le hará el amor a mi chica y se aprovechará de mis logros.

»Uri tipo que comparte todos mis recuerdos, hasta el momento en que él (o yo) se tumbó en la copiadora, anoche. Sólo que él se quedó en casa en el cuerpo original, mientras que yo fui a hacerle el trabajo sucio.

»Un tipo que nunca sabrá qué día de perros he tenido.»

Es como lanzar una moneda al aire, cada vez que usas una copia-dora-y-horno. Cuando se termina, ¿serás el rig… la persona original? ¿O el rox, el golem, el mulo, el ídem-por-un-día?

A menudo apenas importa, si reabsorbes los recuerdos como se supone que tienes que hacer, antes de que la copia expire. Entonces es sólo como dos partes de ti que se vuelven a fundir. ¿Pero y si el ídem sufría o lo pasaba mal, como me había pasado a mí?

Me resultaba difícil mantener mis pensamientos unidos. Después de todo, mi cuerpo verde no había sido construido para un intelecto. Así que me concentré en la tarea que tenía por delante, arrastrando un pie tras otro, y avancé por el lodo.

7 comentarios

  • Vailima octubre 20, 2006en9:13 am

    Pues no me parece ésta mala idea, para un caso de apuro toma clon. En fin, seguro que los efectos secundarios serían terribles, no concibo otra como yo y con la misma mala leche.

    Que paséis un buen fin de semana.

  • omanero octubre 20, 2006en11:07 am

    ¿Cómo que están de saldo?

  • Palimp octubre 22, 2006en7:28 pm

    Sí, la idea es buena. Programas al clon para que vaya a trabajar mientras tú te dedicas a disfrutar de la vida. Eso sí, el clon deberá ser amable 😛

    Sí, omanero, están a cuatro euros y en algunos sitios a menos. Todavía quedan pero como no te des prisa se acaban. Sobre los que hay disponibles sólo tienes que ver las reseñas del Cuchitril de Nova.

  • Vigo octubre 25, 2006en4:03 am

    Me recuerda a una serie de tiras cómicas de Calvin y Hobbes en las que Calvin viaja al futuro para encontrarse consigo mismo después de hacer una redacción que no le apetece hacer. Pero resulta que el Calvin del futuro tampoco la ha hecho…es realmente hilarante cuando el Calvin original y el Calvin del futuro buscan a otro Calvin intermedio para echarle las culpas.
    Tal vez sucediera algo parecido, esos golems comenzarían a negarse a ir a trabajar y comenzaría una peligrosa revolución

  • Palimp octubre 25, 2006en8:16 pm

    De ahí que tengan una duración limitada de un día… y que sepan que al final de la jornada se unirán con el original, con el que compartirán recuerdos.

  • listo noviembre 5, 2006en10:09 am

    Brin es bastante crack. YO me leí la del CARTERO y me gustó. Han hecho una peli, pero sale el Kevin Costner y da un poco de grima.

  • Palimp noviembre 6, 2006en7:58 pm

    Yo leí en su momento el cuento del cartero -salió en un nueva dimensión- y también me gustó. Lo que no quita para que ‘La costa del infinito’ me pareciera un tostón. No veo películas en las que salgan Kevin Costner, Demi Moore, Julia Roberts o Tom Cruise. Por higiene.

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