Christopher Priest. El prestigio.

febrero 4, 2008

Ediciones Minotauro, 2007. 940 páginas.
Tit. Or. The prestige. Trad. Franca Borsani.

Christopher Priest, El Prestigio
Juegos de manos

Hace poco vi la película El truco final, y me gustó mucho. No sabía que estaba basada en un libro de Christopher Priest, del que ya había leído Fuga para una isla e Indoctrinario. La busqué en la biblioteca, pero antes me la encontré en edición de bolsillo y decidí coprarla.

A principios del siglo XX el mago Rupert Angier se ganaba la vida engañando a ingénuos en sesiones de espiritismo, hasta que otro mago, Alfred Borden, lo desenmascara. Con tan mala fortuna que empuja a su esposa provocándole un aborto. Este es el origen de una rivalidad despiadada que continuará durante muchos años y en la que utilizarán cualquier medio para atacar al contrario.

Esta es una de esas veces en las que tanto la película como el libro son soberbios. Aunque la primera cambie -con buen juicio- muchos detalles de la trama, el espíritu se mantiene intacto. El libro ahonda en muchos detalles que en la película se tratan por encima y la estructura narrativa los va presentando con acierto. El final difiere bastante, así que si disfrutaron en el cine, lo harán más con el libro.

A destacar los toques escépticos, como los siguientes:

En los márgenes de la magia profesional, hay unos cuantos individuos que ven la prestidigitación como una manera fácil de engañar a los crédulos y a los ricos. Usan los mismos mecanismos y artefactos de magia que los magos legítimos, pero fingen que sus efectos son «reales».
Es obvio que esto es apenas una sombra del artificie que crea el mago profesional, el cual interpreta el papel de hechicero. Esa sombra de diferencia es crucial.

La idea de un nuevo cambio se me ocurrió (o debería en realidad decir que se le ocurrió a Julia) mientras estaba hojeando un periódico. Vi un reportaje que trataba de la reciente aparición de nuevas evidencias que demuestran que la vida, o una forma de ella, continúa después de la muerte. Ciertos expertos psíquicos fueron capaces de establecer contacto con personas recientemente fallecidas, y comunicarse nuevamente desde el más allá con sus familiares más allegados. Le leí en voz alta una parte del reportaje a Julia. Me miró fijamente durante un segundo, y pude ver que su mente estaba pensando en ello. —No crees en eso, ¿no es cierto? —dijo finalmente. —Me lo tomo en serio —confirmé—. Después de todo, hay un número de personas cada vez más elevado que dice haber establecido contacto. Me tomo las evidencias tal como van surgiendo. No debes ignorar lo que dice la gente.

—Rupert, ¡no puedes estar hablando en serio!

Proseguí torpemente: —Pero estas sesiones de espiritismo han sido investigadas por científicos con los título académicos más importantes.

—¿Se supone que tengo que creer que te estoy entendiendo bien? ¡A ti, cuya mismísima profesión es el engaño! —En ese momento empecé a comprender lo que decía, pero aun así no podía olvidar el testimonio de (por ejemplo) sir Angus Johns, cuya aseveración acerca de la existencia del mundo espiritual acababa de leer en el periódico—. Siempre estás diciendo —continuó mi adorada Julia— que las personas a las que se puede engañar más fácilmente son aquellas que están mejor educadas. ¡Su inteligencia no les permite ver la simplicidad de los trucos de magia!

Al fin lo había conseguido.

—Entonces, estás diciendo que estas sesiones de espiritismo son… ¿trucos normales y corrientes?

—¿Qué otra cosa podrían ser? —dijo triunfante—. Ésta es una nueva empresa, mí querido. Debemos ser parte de ella.

Película y libro muy recomendables.

Escuchando: Shaved Women. Crass.


Extracto:[-]

El primero fue, simplemente, aprender a manejar la madera. Había crecido observándola y oliéndola, por lo que su aspecto y su olor me eran familiares. Sin embargo, no tenía ni idea de lo bien que podía uno sentirse al recogerla, o al surcarla, o al cortarla. Desde el primer momento en que utilicé la madera comencé a respetarla y a darme cuenta de las posibilidades que ocultaba. La madera, si está bien cortada y ha sido talada de manera que pueda aprovecharse la veta, es hermosa, fuerte, liviana y flexible. Puede cortarse de casi cualquier forma, trabajarse o adherirse a cualquier otro material; puedes pintarla, mancharla, teñirla, moldearla. Es atractiva y común al mismo tiempo, por lo tanto, donde haya algo fabricado en madera, se obtiene una tranquila sensación de sólida normalidad, así que casi nunca llama la atención.

En resumen, es el material ideal para el ilusionista.

En el almacén no me trataban de forma especial por ser el hijo del propietario. El primer día empecé a aprender el oficio realizando el trabajo más duro, más difícil del taller: nos pusieron a mí y a otro aprendiz a trabajar con una sierra. Fueron jornadas de doce horas (comenzábamos a las seis de la mañana y terminábamos a las ocho de la noche cada día, con sólo tres cortos descansos para las comidas) que endurecieron mi cuerpo como ningún otro trabajo que pueda imaginar, y me enseñaron a temer y a respetar las pesadas cuerdas de la madera. Tras mi iniciación, que prosiguió durante varios meses, empecé a cortar madera. Era menos exigente físicamente, pero más arduo; volteaba y alisaba la madera para los colegas y los compañeros de los carros. Aquí entré en contacto habitual con los carreteros y otros hombres que trabajaban para mi padre, y vi menos a mis compañeros aprendices.

Una mañana, aproximadamente un año después de haber dejado el colegio, un contratista llamado Robert Noonan vino al taller, a realizar un trabajo de reparación y decoración de la pared del fondo del almacén que se necesitaba hacía tiempo, ya que había sido dañada durante una tormenta hacía algunos años. La llegada de Noonan supuso la segunda influencia que afectaría mi vida futura.

Estaba ocupado en mis labores y apenas lo noté, pero a la una del mediodía, cuando paramos para almorzar, Noonan vino y se sentó conmigo y con los otros hombres en la mesa de caballetes mientras comíamos. Sacó un mazo de cartas y preguntó si alguno de nosotros quería «encontrar a la dama». Algunos de los hombres mayores intentaron advertir a los otros, pero algunos de nosotros simplemente nos quedamos mirando. Pequeñas sumas de dinero fueron pasando de mano en mano; no por las mías, ya que no tenía nada para gastar, pero un par de trabajadores estaban ansiosos por apostar unos peniques.

Me fascinaba la forma relajada y natural en que Noonan manipulaba las cartas. ¡Era tan rápido! ¡Tan diestro! Hablaba suave y persuasivamente, mostrándonos las caras de las tres cartas en juego, colocándolas boca abajo sobre la pequeña caja frente a él con movimientos rápidos pero fluidos y luego moviéndolas con sus largos dedos antes de detenerse para desafiarnos y preguntarnos cuál era la reina. Los trabajadores tenían ojos más lentos que los míos; no veían la carta tan a menudo como yo (a pesar de que me equivocaba más de lo que acertaba).

Más tarde le dije a Noonan: —¿Cómo lo haces? ¿Me lo enseñas?

3 comentarios

  • Elena febrero 5, 2008en12:36 am

    Tiene que ser un gran libro. Esta película y El ilusionista, de Edward Norton, son de las mejores que he visto en el último año. No sabía que la primera estuviese basada en un libro. El giro final de las dos películas es impresionante, de los que no suelen verse en el cine.

    Un saludo

  • Palimp febrero 5, 2008en6:35 pm

    Lo es, aunque en mi opinión no supera a la película; son diferentes.

  • Pia Torres octubre 30, 2015en7:22 pm

    No quería verla pero, me decidí por Johansson, es genial. “El Prestigio” es una propuesta que me recuerda muchísimo a “El Hipnotizador” la nueva serie de (les cuelgo el enlace para que le echen un vistazo http://www.enbreve.tv ) HBO, tiene temática similar. Volvamos a la película, tiene una historia entretenida en primera instancia, con diálogos rimbombantes y conjeturas rebuscadas nuestro director ejecuta una obra en fragmentos estilo puzzle pero sin llegar a los extremos, con una cuidadosa fotografía, escenarios planeados con la delicadeza de un gran artífice, maquillaje certero y fidedigno, es obvio que toda la producción se esfuerza por sacar la obra a flote sin el desventajoso desinterés del arrebato, sino con la intención de delicadeza, suspense y tensión, para los amantes de la taquicardia cuya percepción inspecciona hasta al más mínimo detalle, el cual será crucial en la película. Las virtudes de la cinta son evidentes, el guión es una obra escapista/ilusionista con el simple propósito de engañar al espectador y hacerlo sentir diversas emociones; la dirección de actores es exquisita.

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