Carlo Collodi. Pipeto, el monito rosado.

enero 23, 2012

Carlo Collodi, Pipeto, el monito rosado
Sm, 1984. 112 páginas.
Monito de palabra

Después de leer las aventuras de Pinocho me quedé con ganas de más, y gratis me lo encontré de intercambio.

Pipeto es un omnito que quiere comportarse como un hombre, y puede tener la suerte de conseguirlo, aunque por goloso y no cumplir sus promesas se meterá en más de un lío.

El esquema es muy parecido al de Pinocho: monito que quiere ser humano, hada que puede concedérselo, pero antes deberá portarse bien. En este caso el pecado es faltar a la palabra dada. Aunque no sea excesivamente original y Pinocho sea superior, las aventuras de este simpático monito me han resultado muy entretenidas.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro(145/365)

Extracto:
Pipeto no se parecía en nada a sus hermanos ni a los otros monitos de la vecindad.
Tenía un hociquillo nervioso e inteligente; un par de ojos picaros, que no se estaban quietos ni un instante; una boca que se reía siempre, y un tipillo garboso y flexible como una vara de junco. En una palabra, que era un mono, como suele decirse, hecho que ni pintado.
Viéndolo así, a primera vista, se le podía, casi, confundir con un niño de ocho o nueve años, por la sencilla razón de que Pipeto alborotaba y jugaba como un niño: corría tras las mariposas y buscaba nidos, igual que los niños; le gustaban a rabiar las frutas verdes, igual que a los niños; comía cualquier cosa y comía siempre, igual que los niños; y después de comer se limpiaba la boca con las manos, como hacen los niños; especialmente los niños un poco mal educados.
Pero… ¿sabéis cuál era la auténtica pasión de Pipeto?
Pues imitar todo lo que veía hacer a los hombres.
Un día, mientras andaba por el bosque cazando chicharras y grillos, vio a poca distancia, sentado al pie de un árbol, a un muchacho que estaba fumándose tranquilamente una pipa. Al verlo, abrió los ojos de par en par y se quedó como alelado.
«¡Oh, si yo tuviese una pipa! —decía para sí—. ¡Oh, si yo pudiese echar por la boca unas nubes de humo tan bonitas como ésas! ¡Oh, si yo pudiese volver a casa así, como si estuviese ardiendo! ¡Habría que ver con qué ojos de envidia me mirarían mis cuatro hermanos…!».
Mientras al monito le corrían por la cabeza estas lindas ideas, mira por dónde, el muchacho, un poco por cansancio y otro poco por el gran calor que hacía, dio dos sonoros bostezos y, dejando la pipa sobre la hierba, se quedó dormido.
¿Y qué hizo entonces el tunante de Pipeto? Se acercó despacio, despacio, de puntillas, hasta el muchacho que dormía, y, conteniendo el aliento, alargó poco a poco una mano, agarró con increíble velocidad la pipa que se hallaba sobre la hierba, y luego…, ¡hala!, ¡a correr como el viento…!
Apenas llegado a casa, llamó enseguida, contentísimo, a papá, mamá y a sus hermanos. Ante ellos se metió la pipa en la boca y empezó a fumar con el mismísimo garbo y la mismísima naturalidad con que lo habría hecho un viejo lobo de mar.
Su mamá y sus hermanos, al ver salir de su boca aquellas nubes de humo, se echaron a reír como locos. Pero su papá, que era un mono lleno de juicio y de experiencia de mundo, le dijo en tono de reproche, por su bien:
—¡Cuidado, Pipeto! A fuerza de imitar a los hombres, un día u otro te vas a convertir en hombre. Y entonces… ¡entonces te pesará muy amargamente, pero ya será demasiado tarde!

2 comentarios

  • elena mayo 15, 2014en6:38 pm

    me gusta mucho el resumen

  • elena mayo 15, 2014en6:40 pm

    era muy dibertido y alucinanteeeeeeeeeeeeeee me a encantado

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