B. Traven. El tesoro de sierra madre.

marzo 19, 2014

B Traven, El tesoro de sierra madre
Acantilado, 2009. 348 páginas.
Tit. Or. Der Schatz der Sierra Madre. Trad. Rosa Elena Luján y María Eugenia Montes de Oca Luján.

Todo un clásico de un autor rodeado de misterio, hasta el punto de pensar que sus novelas las había escrito su traductora. B. Traven quería que sus obras hablaran por si mismas, pero esconderse del público fue su mejor publicidad.

En los años 20 México tiene una particular fiebre del petróleo, pero muchos americanos deambulan sin trabajo buscándose la vida. Cuando Dobbs y Curtin escuchan al viejo Howard hablar de la posibilidad de encotnrar oro en la sierra deciden montar una expedición y probar suerte. Encontrarán oro, se enfrentarán a bandidos e incluso a su propia codicia.

Hay una adaptación al cine muy famosa, El tesoro de sierra madre, que es posible que sea mejor que el libro. Aunque el retrato de la época y las aventuras de los protagonistas son de bastante interés, el estilo no pasa de correcto (y que me perdonen los admiradores del autor). No obstante es un libro muy recomendable.

No hay muchas críticas en la red, destacaría esta B. Traven: El tesoro de Sierra Madre y esta El tesoro de Sierra Madre. A destacar las críticas a la codicia que provoca el oro y a la iglesia católica (lean los extractos)

Calificación: Bueno.

Extractos:

—De cualquier modo—dijo Howard, el viejo—, el oro es algo endemoniado, creedme, muchachos. En primer lugar suele cambiar totalmente el carácter de los hombres. Cuando se ha conseguido, el alma no es la misma que antes de obtenerlo, y nadie escapa a esto. Puede llegar a amontonarse tanto que será imposible transportarlo, pero cuanto más se tiene más se ambiciona y ocurre lo mismo que cuando alguien se sienta ante la ruleta: que siempre piensa en un última vuelta. Así, el afán sigue indefinidamente. Se pie de la noción del bien y del mal, se olvida la diferencia entre lo honesto y lo deshonesto, se pierde la facultad de juzgar.


Alguien que hubiera presenciado sus discusiones no habría podido imaginar a ninguno de aquellos hombres con una mujer entre los brazos. Cualquier mujer decente habría preferido abrirse las venas a hacerles compañía. Ellos, por supuesto, habiendo perdido la capacidad de comparación, ignoraban la impresión que causarían a cualquier extraño que por casualidad los encontrara. Sólo se miraban entre sí y ninguno de ellos cuidaba de su apariencia ni de sus expresiones.
La sortija de oro que rodea el dedo de una elegante dama o la corona colocada sobre la cabeza de algún rey, ha pasado muy a menudo por las manos de criaturas que habrían hecho estremecer con su aspecto a esas damas y a esos reyes. No cabe duda de que la mayoría de las veces el oro se lava con sangre humana en lugar de jabón.
Un noble rey, deseoso de mostrar pensamientos elevados, debería permitir que su corona fuera de hierro. El oro corresponde a los ladrones y a los estafadores, razón por la cual son ellos quienes poseen la mayor parte. El resto lo poseen aquéllos a quienes no importa su procedencia.


—Tal vez si les ofrecemos nuestras armas y nuestras provisiones, nos dejen.
—No, amigo, sigues juzgándolos mal—dijo Howard—. Esta raza ha vivido durante cuatrocientos años en condiciones bajo las que no se puede confiar en nadie, ni construir una buena casa, ni ahorrar algo de dinero en el banco, ni invertirlo en una buena empresa. No puede esperarse de ellos compasión, debido a la forma en que han sido tratados por la Iglesia, por las autoridades españolas y por las propias. Si les ofreces tu oro y tus armas, las tomarán y te
prometerán la libertad, pero no te dejarán ir. Te torturarán y te matarán para evitar que los denuncies. Ellos ignoran el significado de la justicia. Nadie les ha enseñado a ser leales, ¿cómo lo van a ser contigo? Jamás han cumplido con ellos lo que les prometieron; así pues, ellos también prometen para no cumplir. Rezan un avemaria antes de matarte y se persignan y te persignan después de haberte matado de la manera más cruel. Nosotros no seríamos diferentes si hubiéramos tenido que vivir durante cuatrocientos años bajo toda clase de tiranías, supersticiones, despotismos, corrupciones y religiones pervertidas.

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