Aurora Venturini. Las primas.

febrero 6, 2019

Aurora Venturini, Las primas
Caballo de troya, 2009. 192 páginas.

Muchas veces los textos de las contraportadas no tienen nada que ver con el texto, son exagerados o mentirosos o simplemente cumplidores. No es el caso de este libro, y lo reproduzco por lo bien que explica el libro, y por su calidad intrínseca:

A ustedes, tan cultos, les sonará aquello que decía Tolstói
de que solo las familias desgraciadas tienen historia; pues
bien, la familia de esta novela, aunque no lo parezca, es una
familia feliz y normal. Todos sufren algún retraso mental
o físico pero, si miramos bien, eso pasa hasta en las mejores
y más reales familias. Y una, la narradora y protagonista,
tiene algunos problemas con el lenguaje que resuelve
consultando el diccionario. A sus hermanas y primas, con
mayores desarreglos, les pasa lo que nos pasa a todos: que si
nos descuidamos nos hacen daño, que si nos enamoramos
nos hacen daño, que si odiamos nos hacemos daño, que si
nos morimos nos olvidan, que si nos lo creemos nos estafan.
Y una nos lo va contando en clave un tanto optimista:
arrieritos somos y en el camino nos encontraremos, quien la
hace la paga, quien bien te quiere te hará llorar, quien ríe el
último ríe mejor. Hay violaciones, embarazos no deseados,
separaciones violentas, mortales sexos orales, asesinatos. En
resumen: una novela idealista e ideal.
Las primas ganó el Premio de Nueva Novela en Argentina, entre
otros méritos, por la originalidad y fuerza de su escritura.
Al abrir la plica (en Argentina las abren después de fallar el
premio) resultó que la autora tenía ochenta y cinco años.
Alguien pensó que era una broma de Vila-Matas pero no.
Ya quisiera.

La protagonista es una niña discapacitada -aunque nunca se deja muy claro cual es su problema- con una hermana de profundo retraso mental, hasta el punto que tiene que llevar pañales siempre, con una prima enana que será su mejor amiga. Todo en su vida es disfuncional, de no ser por su talento para la pintura, que salva a su entorno de la más profunda miseria.

Un libro excelente de historia, trama, lenguaje -salvo algún abuso de repetición en algún tic- que me ha dejado con la boca abierta y en ocasiones mal cuerpo.

Muy recomendable.

Llegamos y nos quedamos levantados Danielito, Petra y Botina que pidió más comida y le trajeron arrollado y sopa, (,’arina que no fue al entierro tenía algo de fiebre y el profesor que no dormía en casa pero se quedó para acompañar el duelo. Debo aclarar que estábamos en casa de tía Ingrazia y que me llamó la atención el decaimiento de Carina la fiebre se le notaba y achuchada pidió disculpas y fue a acostarse.
Mamá me llamó la atención sobre la hora y que por qué no nos íbamos a casa y el profesor también opinó que no era hora para estar en pie y cuando fue a tomar el sombrero que dejó en una silla mamá lo detuvo con no lo digo por usted, profesor. Betina abrió grandes los ojos y dijo que no quería irse, Petra dijo que ella dormiría en la cocina al rescoldo del fogón en el asiento reposera que usaba Carina hasta hacía poco tiempo. Mamá, yo y el profesor volvimos a casa en el coche que esperaba en la calle.
El profesor mostró preocupación por la ausencia de mi hermana que quedaba en la silla ortopédica en casa de tía Ingrazia según mamá preocupada por la fiebre de Carina y que a ella le sobraban motivos para asegurar que esa criatura deforme por fuera atesoraba dentro del pecho un corazón bondadoso y que si los bracitos de ella no fueran tan cortitos pintaría mejor que yo que borroneaba mamarrachos en cartones que nadie entendía el significado. Pero agregó irónica que Dios les da pan a los que no tienen dientes, esto lo expresó mirándome con desaprobación.

El profesor apoyó un cartón en la pared y me indicó que pintara algo dorado como el sol porque tanta bruma y pena nos quebraba el alma y yo sentí que el profesor hacía referencia a la sábana interior que para quebrarse estaría almidonada o no sé, no sé cómo pueda quebrarse algo que aviva la parte somática y esta palabra la copié del diccionario.
Pegaso quedó divino trotando sobre un río dorado en cuyas orillas amarillaban girasoles de Holanda y unos pájaros negros trizaban el dorado entorno porque nunca falta lo feo en ningún paisaje por dorado que sea.
El profesor se fue bajo la llovizna de otoño. Yo me adormecí en el sofá como esperando algo que no sabía qué era pero que sucedería y sonó el teléfono con la voz de Petra avisando que Carina había vomitado y volaba de fiebre y que tía Ingrazia esperaba que amaneciera para llamar un médico.
Miré a Pegaso y noté sobre su grupa hermosa cabalgando a Carina y suspiré la pregunta adonde iban y me contestaron que iban al país de la luna lunera cascabelera y supe que ya no haría falta llamar a un médico para Carina que iba en busca del bebé perdido. Dormí tranquila hasta el día siguiente cuando anoticiaron la repentina muerte de Carina que yo ya sabía y me alegré porque en cualquier lugar se estaría mejor que en este mundo desgraciado.

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