Antonio Orejudo. Ventajas de viajar en tren.

septiembre 5, 2012

Antonio Orejudo, Ventajas de viajar en tren
Tusquets, 2011. 160 páginas.

Sigo leyendo los libros de Antonio Orejudo, de quien ya defendí su calidad con una rima fácil. Este, si no me equivoco, su primer libro (me equivoco, el segundo), y ya apuntaba maneras.

Un encuentro en el tren entre una mujer que acaba de ingresar a su marido en un sanatorio, y un -aparentemente- psiquiatra del mismo nos conducirá por una serie de historias en las que se hará difícil averiguar que es verdad o ficción ¿Son los basureros una policía orwelliana? ¿Los orfanatos de Yugoslavia vendían niños para ser utilizados en prácticas aberrantes? ¿Hasta donde llega el ser humano en los juegos de sumisión?

Desde el comienzo nos introduce el autor en una serie de historias dentro de historias que encajan muy bien con el tono general de la narración como creación de una verdad alternativa. Los relatos, además, tienen mucha calidad individual, en ocasiones desasosiegan bastante. El humor -bastante negro en este caso- está muy presente, como en otros libros del autor.

Además es cortito (parece que tuvo una buena poda). A JJ no le gustó, y a Rubén Díaz mucho, en este caso coincido con éste último: una joya que merece ser publicitada.

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
Yo me río mucho de mis colegas en la clínica cuando hablan de la dimensión interior del ser humano. Yo les digo que la dimensión interior del ser humano es un cuento, y lo demuestro. Pero eso no acaban de aceptarlo; allí son todavía demasiado… cómo decirlo… demasiado humanistas. Por eso el doctor Crespo no le ha hablado de mí. No le gusto. El cree que yo soy un poco reaccionario. Bueno, él cree muchas cosas. El cree en la trascendencia del ser humano y de su mente, y no se resigna a ocupar el lugar que le corresponde en la escala zoológica; un lugar entre nuestros hermanos mamíferos. El está orgulloso de la humanidad, del hombre, y considera que la locura es el refugio del individuo frente a la alienación social. Esta idea, que afortunadamente ya ha pasado de moda, ha sido catastrófica. Catastrófica no sólo para los enfermos, sino para la filosofía de la disciplina psiquiátrica. ¿Ha oído hablar de la antipsiquiatría? La antipsiquiatría fue un movimiento que negaba la esquizofrenia. Negaba la esquizofrenia y cualquier otro trastorno de la personalidad. La antipsiquiatría negaba la enfermedad mental. Durante los años en los que se nos obligó, sí, digo bien, se nos obligó a aplicar sus principios, el número de enfermos disminuyó. Claro; los soltábamos a todos. No había enfermos, sólo alienados. Por el contrario, lo que aumentó fue el número de delitos en las calles y de accidentes y suicidios en los domicilios. No, no me mire así. Desde luego que los factores psicosociales influyen en la enfermedad mental; fíjese si creeré en ello, que yo me dedico al diagnóstico y terapia de la esquizofrenia a través de técnicas de escritura. Es más: estoy convencido de que hay ciertas esquizofrenias que pueden canalizarse a través de su propia narración. Cuando el paciente esquizofrénico escribe está dando rienda suelta a su mundo de asociaciones, que cesa cuando cesa de escribir. Luego le leo una, para que se dé cuenta de lo que quiero decir. Es como si la escritura le ayudara a trazar una línea divisoria entre el delirio y la realidad. Ahora bien, me niego a considerar la enfermedad mental como un término relativo. Ese principio, ya le digo, es catastrófico.

2 comentarios

  • Nacho septiembre 6, 2012en2:50 pm

    Me sumo a la reivindicación. De hecho, es una de las novelas que tengo en la lista de recomendaciones de mi bitácora (una lista en la que, por cierto, aparece también «Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos», de Rodigo Muñoz Avia, y que reseñaste aquí no hace mucho).

  • Palimp septiembre 13, 2012en4:00 pm

    Una lista que hay que mirar con cuidado. También está ‘Clara y la penumbra’, reseñada por aquí.

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