Angélica Gorodischer. Trafalgar.

enero 28, 2011

Ediciones Orbis, 1986. 238 páginas.

Angélica Gorodischer, Trafalgar
Más café

Algunos de los mejores cuentos que he leído están escritos por Angélica Gorodischer. Y son de ciencia ficción. No es una autora muy conocida, pero sus admiradores sabemos que en ocasiones los cafés más acogedores están fuera de las rutas comerciales, en avenidas escondidas, donde se reunen los amigos para compartir un buen rato.

Trafalgar es un hombre de mundos. Comercia entre los planetas, consume café por litros, y siempre tiene una buena historia que contar. Hay mundos en los que se ha perdido el idioma, pero no la música y el baile. Planetas en los que los muertos están siempre presentes. Civilizaciones tan organizadas que su color es gris. Todo se puede contar si hay una taza humeante y alguien dispuesto a escuchar.

La lista completa es la siguiente:

A la luz de la casta luna electrónica
Sensatez del círculo
De navegantes
El mejor día del año
La lucha de la familia González por un mundo mejor
Trafalgar y Josefina
El señor Caos
Constancia
Trafalgar y yo

Uno de los mejores libros de Arthur C. Clarke son los cuentos de la taberna del ciervo blanco. Parecida estratagema utiliza la autora, y supera a Clarke en imaginación, profundidad y ternura.

Pero no puedo hablar, no soy muy objetivo. Otros solo lo ven entretenido Trafalgar, así que tendrán que decidir ustedes. Lean algún cuento de la autora y después me dan las gracias.


Extracto:[-]

—A todo esto Marina dividía su atención entre la civilización prodigiosa y los monos flacos que bailaban. El día que oyeron por primera vez la música casi se infartan porque no se la esperaban y fueron a ver qué pasaba. Armados, por si acaso. Todos menos Veri Halabi que de entrada les había tomado repugnancia y que dijo que esa música era irritante. Y cada vez que la oía cerraba todo y se quedaba adentro y si le parecía que oía algo se tapaba los oídos. Eso me lo contó Simónides después. Para cuando yo llegué estaban acostumbrados a la música y al baile y les gustaba. Me contó Marina que de repente, no todos los días sino de vez en cuando y a intervalos irregulares, sin que hubiera ninguna señal ni pasara nada, sacaban palos, cuerdas, unos instrumentos muy simples que ella describió y que yo vi pero ni me acuerdo, y algunos tocaban música y todos los demás bailaban. Bailaban horas y horas sin cansarse y era increíble la resistencia que tenían, tan flacos y arruinados, alimentados a gusanos molidos y agua. Pero bailaban a veces todo el día, a veces toda la noche. ¿Ustedes han probado bailar una noche entera sin parar? Bueno, ellos podían. Bailaban en la oscuridad más completa, sin verse, sin empujarse, sin caerse. O bailaban de día, eso que era día bajo el sol púrpura. O bailaban parte del día y parte de la noche. Y de pronto, porque sí, la música se terminaba y se tiraban por ahí mirando vaya a saber qué y se quedaban sin hacer nada horas o días. Impresionante. Les juro que era impresionante.

A esa altura de la noche y del cuento a nadie le parecía necesario seguir tomando nada pero Tra-falgar no abandonaba la cafetera eléctrica. Hacía frío y Cirito se levantó a prender la calefacción mientras Flynn y el Payo esperaban y Trafalgar pensaba a lo mejor en los días oscuros de Anandaha-A.

—El baile también me gustó, como me gustaban ellos aunque no les haya podido vender nada —siguió cuando lo vio entrar a Cirito—. Y a los del campamento también les gustaba. No digo a Marina Solim que es una tipa dispuesta a que todo le guste, ni a Lundgren que aprendió el sin tu y eso ya habla en favor de la buena disposición de cualquier individuo, ni al sociólogo que acepta lo que venga y compone en seguida un cuadro sinóptico y que no me acuerdo cómo se llama pero sí que se pasa las horas fumando Craven A y escribiendo a máquina. A todos les gustaba y cada vez que oían la música se iban a mirar. Todos menos Halabi.

5 comentarios

  • Seikilos enero 28, 2011en1:49 pm

    Un libro sin dudas muy argentino, muy rosarino.

  • Nfer enero 28, 2011en2:21 pm

    Si Trafalgar es muy rosarino, Tumba de Jaguares es muy argentino (No leí Trafalgar, y Rosario es una ciudad muy especial, mi comentario apunta a las muchas lecturas de Tumba de Jaguares)
    Saludos!

  • ericz enero 28, 2011en2:37 pm

    Que conste que soy admirador de Gorodischer, pero este libro es un poco aburrido. Un poco por la prosa y otro poco porque las ideas que aporta no son muy entretenidas.

  • Juanma enero 28, 2011en6:27 pm

    Hay momentos en que me parece la mejor obra de la Goro, incluida Kalpa imperial. Lo que es innegable es que está muy bien escrita, quien conozca a Angélica en persona la “oirá” hablar cuando lee esa primera persona tan impertinente y divertida, y que tiene cuentos magníficos, como el de la familia González.

    Por ponerte los dientes largos, te diré que hace unos años leí un cuento inédito protagonizado por Trafalgar Medrano. No pudo salir en Gigamesh por su cierre, no nos planteamos sacarla en Artifex cuarta época porque no podíamos pagar y, en fin, que ahí sigue, inédito. Y con el mismo nivel de brillantez.

  • Palimp enero 29, 2011en9:04 pm

    Seikilos, Nfer, cuanto me gustaría viajar a Argentina y poder comprobarlo.

    ericz, precisamente lo que más me gusta de este libro es que las ideas no son deslumbrantes ni de grandes efectos. Son como las conversaciones del libro, charlas entre amigos. Me gusta la cercanía que consigue hablando de viajes galácticos.

    Juanma, yo no diría tanto, pero casi. Me has puesto los dientes muy muy largos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.