T.S. Elliot. La tierra Baldia.

noviembre 19, 2018

TS Elliot, La tierra Baldia
Lumen, 2015. 128 páginas.
Trad. Andreu Jaume.

¿Qué mala crítica escuché sobre este libro? ¿Qué comentario confundí para pensar siempre que era un tostón? No me acuerdo, pero si finalmente lo he leído ha sido por completar los cromos y lo empecé con un gesto de fastidio.

Enseguida me cambio la cara. Ni tostón, ni versos oscuros y aburridos. Poesía en estado puro, cristalina, emocional, de una perfección formal exquisita, conmovedora. Lo estaba acabando al salir del metro y no sólo no pude dejar su lectura, sino que subí las escaleras casi conmocionado. Algo entendible si se leen estos versos:

Aquí no hay agua sino solo roca
roca sin agua y el camino de arena
el camino que serpentea arriba en las montañas
que son montañas de roca sin agua
si hubiera agua nos sentaríamos a beber
en medio de la roca no puede uno parar o pensar
seco está el sudor y los pies en la arena
si por lo menos hubiera agua entre la roca
muerta montaña con boca llena de caries que no puede escupir
uno no puede aquí estar ni yacer ni sentarse
no hay siquiera silencio en las montañas
sino seco trueno estéril sin lluvia
no hay siquiera soledad en las montañas
sino muecas en hoscas caras que gruñen
en puertas de casas de barro con grietas
Si hubiera agua
en vez de roca
si hubiera roca
y también agua
y agua
un manantial
una poza entre la roca
si por lo menos se oyera el sonido del agua
no la cigarra
y la yerba seca cantando
sino el agua resonante sobre una roca
donde canta el zorzal ermitaño en los pinares
Drip drop drip drop drop drop drop
pero no hay agua

Y uno piensa en la paradoja de un poema que habla de la falta de agua, y donde han ido a beber tanta gente ¡Cuantos títulos sacados de sus versos! ¡Cuanta inspiración, cuanta copia! Hay tantos ecos reconocibles en este magnífico poemario que me daba la impresión de ya haberlo leído.

Pero siendo la literatura un refugio ante las inclemencias del tiempo uno entiende que hayan sido tantos los peregrinos que hayan bebido de esta fuente. Porque cuantas veces a todos nosotros un buen libro no nos ha salvado de morir de sed.

Abril es el más cruel de los meses, pues engendra
lilas en el campo muerto, confunde
memoria y deseo, revive
yertas raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos dio calor, cubriendo
la tierra con nieve sin memoria, alimentando
un hilo de vida con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió llegando al Starnbergersee
con un golpe de lluvia; nos refugiamos en los soportales
y ya con el sol seguimos hasta el Hofgarten,
y nos tomamos un café y estuvimos charlando una hora.
Bin gar keine Russin, stamm’ aus Litauen, echt deutsch.
Y cuando éramos niños, estando en casa del archiduque,
él, que era mi primo, me llevó en trineo
y tuve mucho miedo. Dijo: Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y abajo que fuimos.
Allá en las montañas te sientes libre.
Leo, buena parte de la noche, y voy al sur en invierno.

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