Junot Díaz. Los boys.

noviembre 5, 2018

Junot Díaz, Los boys
Mondadori, 1996. 204 páginas.
Tit. or. Drown. Trad. Miguel Martínez Lage.

Incluye los siguientes relatos:

Ysrael
Fiesta, 1980
Aurora
Aguantando
Ahogado
El Novio
Edison, Nueva Jersey
Cómo salir con una morena, una negra, una blanca o una mulata
Sin rostro
Negocios

Que nos cuentan historias de la comunidad latinoamericana (usualmente oriundos de Santo Domingo) en Estados Unidos, con el tema de las políticas migratorias, el escape de la pobreza de los países de origen, la violencia, la marginación, las extrañas amistades. Saltando de latinoamérica a EEUU y viceversa.

Unos cuentos excelentes que lamento no haber leído en su momento. Su novela más famosa, La maravillosa vida breve de Óscar Wao (que tengo leída pero acabo de descubrir que no reseñada) bebe mucho de estas historias, y también es un conjunto de personajes que se entrelazan. Pero todo ya estaba aquí igual de bien escrito.

En ocasiones los cuentos narran historias parecidas desde diferentes puntos de vista. Así, los niños abandonados por su padre en Aguantando ven complementada su historia en Negocios. Porque cuando las cosas vienen mal dadas todos son un poco víctimas y verdugos. Son cuentos sin un desenlace de cierre, a lo Carver, fragmentos de vida.

Muy recomendable.

Te duchas, te peinas y te vistes. Te sientas en el sofá a ver la televisión. Si ella no es del barrio, la traerá su padre en coche, tal vez su madre. Ninguno de los dos tiene ganas de que ella salga con un chico de Terrace —en Terrace ya se sabe que se apuñala a la gente por la calle—, pero ella es terca, y esta vez está decidida a salirse con la suya.
Las instrucciones para llegar a tu casa se las has escrito con tu mejor letra, de modo que sus padres no pensarán que eres un idiota. Levántate del sofá y echa un vistazo al aparcamiento. Nada. Si la chica es del barrio, no te apures. Ya llegará cuando esté preparadita. Alguna vez se encontrará por un casual con todos sus amigos, y aparecerán todos juntos en tu apartamento, y aun cuando eso signifique que no te vas a comer un rosco sí será de todos modos entretenido, y seguro que te entran ganas de que esa gente venga a verte más a menudo. Otras veces la chica no aparecerá: al día siguiente, en clase, dirá que lo siente, sonreirá y tú serás tan bobo como para creerla e invitarla a salir otro día.
Espera un rato: al cabo de una hora sal hasta la esquina. El tráfico es intenso en el barrio. Dale un grito a uno de los tuyos, y cuando te pregunte si aún estás esperando a esa puta responde que sí, qué demonios.
Vuelve a casa. Llámala por teléfono; cuando conteste su padre, pregúntale si está ella. Él te preguntará quién eres. Cuelga. Tiene voz de director de escuela, de jefe de policía, de tío con un cuello bien grueso, de los que no tienen que preocuparse de lo que suceda a sus espaldas. Siéntate y espera. Cuando el estómago esté a punto
de traicionarte, aparecerá un Honda, o puede que un Jeep, y ahí la tendrás.
Hola, le dices.
Oye, dice ella. Mi madre quiere conocerte. Se ha puesto como loca por una bobería.
Que no cunda el pánico, ¿vale? Dile que de acuerdo, que no pasa nada. Pásate una mano por el cabello, como suelen hacer los chicos blancos, aun cuando lo único que pase fácilmente por tu cabello sea el continente africano entero. Ella estará sensacional. Las blancas son las que más te apetecen, ¿que no?, pero lo cierto es que las de fuera del barrio suelen ser negras, chicas negras que se han criado haciendo ballet y yendo a las girl scouts, aparte de tener tres coches delante de casa. Si es mulata tampoco te sorprendas de que su madre sea blanca. Salúdala. Su madre te devolverá el saludo y ya verás que no le das miedo, para nada. Ella dirá que le indiques cómo regresar, y aunque ya le hayas dado instrucciones bien claras, que ella lleva en el regazo, repíteselas. Es mejor que la tengas contenta.

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