Naiyer Masud. Aroma de alcanfor.

octubre 1, 2018

Naiyer Masud, Aroma de alcanfor
Atalanta.

Incluye los siguientes relatos:

Aroma de alcanfor
Interregno
Lo oculto
Shisha Ghat
El velatorio de la señora
Los vestigios de la familia Ray
La mina del Jardín de los Pavos Reales

Marcados por la irrealidad y un ambiente onírico que nos hace dudar de los hechos que se comentan. Todo explicado con un lenguaje poético.

En el último relato se aparta de su estilo y me ha parecido infumable. Otras reseñas:Aroma de Alcanfor, Aroma de alcanfor y Aroma de alcanfor

En aquel momento hacía calor y las grandes hojas del árbol se mecían suavemente, pero bajo la pelusa polvorienta de su superficie comenzaba a brillar el verde. Rodeé el pozo y me quedé justo debajo del árbol. Aunque no veía nada moverse ni oía ningún sonido, estaba seguro de que el pájaro estaba oculto en alguna parte entre las hojas de la copa del árbol, por eso lo estuve buscando durante un rato. Finalmente, empecé a pensar que se habría ido volando antes de que yo llegara, pero justo cuando me disponía a marcharme, oí un leve sonido que provenía de las hojas y que no era capaz de identificar. A pesar de ello, decidí inmediatamente que era el sonido que producían sus alas al rozar las hojas. Me detuve y comencé a mirar hacia arriba. Aquel sonido parecía provenir de todo el árbol. Entonces me di cuenta de que había comenzado a llover de forma silenciosa. Después de esperar un rato más salí a una zona descubierta. Cuando ya estaba a cierta distancia, me volví y miré hacia el árbol.
Su aspecto estaba cambiando poco a poco. Las gotas de
lluvia iban trazando rayas verdes sobre las hojas polvorientas, para después, ya turbias, caer al suelo, mientras las hojas mustias comenzaban a enderezarse poco a poco, lozanas. De repente, la lluvia se intensificó, y yo me giré hacia la puerta trasera. Comencé a sentir un suave olor a tierra, y al mismo tiempo, oí el sonido de un fuerte batir de alas.
Me giré de nuevo y dirigí la mirada hacia el árbol. El pájaro estaba a muy poca altura de él, suspendido, batiendo las alas a toda velocidad, y los goterones de lluvia, al chocar con sus alas, se dispersaban de tal modo que el pájaro parecía estar completamente envuelto en una nube blanca. La lluvia incesante que caía sobre aquella nube trémula iba descendiendo desde el cielo hasta la tierra a través de hilos blancos.
El jardín estaba completamente anegado. Había desaparecido aquella fragancia conocida que había surgido con las salpicaduras de las primeras gotas de lluvia sobre la tierra seca, y ahora comenzaban a emanar los aromas enterrados en las entrañas de la tierra. A medida que caminaba, surgían las fragancias de la tierra y se quedaban flotando durante un instante en un lugar para después volver a desplomarse, sacudidas por una ráfaga de lluvia. Sin embargo, yo no les presté demasiada atención ya que estaba contemplando el árbol sobre el cual había desaparecido aquella nube trémula y el sonido del batir de alas que de ella provenía. Al mojarse, las hojas del árbol habían cobrado un color verde oscuro y el tronco se había vuelto negro. La lluvia se tornó aún más intensa haciendo que todo el árbol cobrara un aspecto brumoso. Entonces me di cuenta de que tenía toda la ropa empapada y de que yo también me estaba mojando. Justo cuando estaba corriendo hacia la puerta trasera, el viento se hizo aún más fuerte. Como estaba tiritando de frío, me empezó a parecer que la puerta estaba muy lejos, así que di la vuelta y corrí en dirección opuesta, refugiándome en el largo y estrecho porche que había pegado a la casa, cubierto con un tejado de metal.

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