Mark Leyner. Mi primo mi gastroenterólogo.

septiembre 28, 2018

Mark Leyner, Mi primo mi gastroenterólogo
Pálido fuego, 2013. 188 páginas.
Tit. Or. My cousin, my gastroenterologist. Trad. José Luis Amores.

Incluye los siguientes relatos:

yo era un punto infinitamente denso y caliente
idilio
fugado de una centrifugadora
noche de colonoscopio
entra la ardilla
la provocación de un pelo suelto en un peinado por lo demás perfecto
oda al otoño
en el reino del aburrimiento, llevo pantalones de chándal azules
saliva de la mejor
psicotecnologías de los sombríos adictos al trabajo
¡hoolaa!, llamó buzz. ¿tienes un poco de crema de cacao?
la serenidad de los objetos con la mente en blanco sólo de pensar en ellos
en medio de una nube negra de porras de policía
capo di tutti capi
frases redactadas tras inhalar disolvente

Que algunos consideran una novela fragmentada por la repetición ocasional de personajes y temas, pero que personalmente me parece colección de relatos.

De difícil descripción porque ni tienen trama ni se la espera, son una acumulación de sucesos increíbles, personajes patológicos, referencias que basculan entre la cultura pop y lo científico y acumular, acumular frases e imágenes tiradas con pala para apabullar al lector.

¿Funcionan? Lo he leído con gusto porque siempre es mejor leer algo diferente, aunque defectuoso, que el enésimo cuento previsible. Pero a ratos se me dormían los ojos. Sin embargo algunos fragmentos de los cuentos me parecían Hermosos, con mayúsculas, y me hacían olvidar el tedio anterior. Lectura al ritmo de un oscilador vintage.

Merece la pena el esfuerzo, pero quedan avisados.

—Sí, estás en lo cierto. ¿Otro escocés? La verdad es que te has ventilado ese.
—Sí, creo que tomaré otro… ¿Te unes?
—Sí, podría servirme otro para mí. —Sirve dos escoceses con hielo, le tiende uno a Sondra y da un trago largo del suyo—. Sí, estás en lo cierto.
—Supongo que se podría ir tan lejos como para decir que estás estafando a tu propia madre.
—Pero según parece eso no ofende lo suficiente tu sentido de la honestidad como para que dejes de querer verme.
—Me gustas, Bruce.
—Sondra, ¿te gustaría ver una película titulada Nabonga protagonizada por Buster Crabbe?
—En realidad tomaría un poco más de escocés.
—Permíteme que refresque estos. —Rellena ambos vasos—. Por cierto, ¿qué te parece este escocés…? Pienso que es especial.
—Bruce, no sé cómo decir esto sin que suene un poco afectado… pero cuando bebo esta clase de escocés tan especial, me siento como si hubiera estado en el campo bipolar de lo sagrado y lo profano, lo lícito y lo ilícito, lo religioso y lo blasfemo. Me siento como si seis bloques de carburo de tungsteno hubieran convergido en mi cerebro desde seis direcciones distintas, compactándose en un cubo denso y perfecto. Bruce, por qué no nos llevamos esto fuera, al patio, hace una noche terriblemente encantadora.
Y mientras ella sale al patio, su pecho de valkiria ondulando a cada paso como un líquido viscoso, un pterodáctilo desciende en picado desde el cielo, la rapta con su pico, se la lleva hasta su nido, y la deja caer en el interior del rictus atronador de sus crías.

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