Claudi Alsina. El club de la hipotenusa.

junio 12, 2018

Claudi Alsina, El club de la hipotenusa
Ariel, 2008. 230 páginas.

Recopilación de anécdotas sobre las matemáticas o cono matemáticos de protagonistas, desde la antigüedad hasta nuestros días, ligeramente organizadas por bloques temáticos. Aquí Alsina no tiene la soltura que ha demostrado en libros posteriores, pero se deja leer.

No todas las anécdotas son igual de sabrosas y hay bastantes que son algo sosas, pero en conjunto merece la pena. Mis preferidas las del último tercio del libro, donde el autor cuenta algunas personales que, sin ser deslumbrantes, son originales. Por ejemplo, el curioso viaje de Einstein por las calles de Gracia.

Entretenido.

LA SUMA MÁS POPULAR DE LA HISTORIA
Al margen del 1 + 1 = 2 o 2 + 2=4 que son como logos de la Aritmética, hay una misteriosa suma cuya presencia a lo largo de la historia aparece y reaparece:
7 + 49 +343 + 2401 + 16807 = 19607,

siendo, pues, los sumandos las primeras potencias del número 7. La dichosa suma aparece ya como problema 79 en el gran documento egipcio, el Papirus Rhind, donde el escriba Ahmes (1650 a.C.) anota el problema y su solución. El famoso Leo­nardo de Pisa, alias Fibonacci, incluye en su Líber Abad (1202 y 1228) el problema de Ahmes, y en pleno siglo xx y en di­versas versiones ha seguido apareciendo, en la forma siguiente:
Cuando iba a St. Ivés encontré un hombre que tenía 7 esposas. Cada esposa tenía un saco. En cada saco había siete gatitas. Cada gatita tenía siete gatitos. Gatitos, gatitas, sacos, esposas: ¿cuántos iban a St. Ivés?
Todo un clásico… para aprender a multiplicar por siete y sumar.

EL SUEÑO DE EULER
Leonhard Euler (1707-1783), uno de los más grandes matemáticos de todos los tiempos y prolífico esposo con 12 hijos, tuvo un día un sueño. Para la mayoría de personas la aparición de la aritmética durante la noche se limita al in­tento de conciliar el sueño vía el aburrimiento total, por ejem­plo, contando ovejas. Pero para Euler soñar matemáticas era algo normal. En una ocasión llegó a soñar los valores de todas las potencias sextas de los números de 1 hasta 100, es decir, hacía cálculo mental durante el reposo profundo. Esto lo contó él mismo cuando días después, estando en mitad de un problema, necesitó dichas potencias sextas y las pudo re­cordar. Esto sí que es estar en forma.

A VECES CON POCAS PALABRAS BASTA
Durante una cena que Miguel de Guzmán y yo mantuvi­mos con nuestro amigo el profesor Luis A. Santaló y su fami­lia en Buenos Aires, le preguntamos por su querido maestro don Julio Rey Pastor y cual era para él la anécdota más diver­tida que recordaba. Santaló no dudó ni un momento en con­tarla. Era conocida la capacidad de don Julio para hacer bromas de todas las cosas y de todas las personas: alumnos, colegas o lo que fueran. Y, como acostumbra a ocurrir, los re­ceptores de las bromitas o los comentarios sarcásticos no siem­pre se lo toman deportivamente. En una ocasión, un colega de la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense de Ma­drid se tomó tan a mal la broma que sobre él había hecho don Julio que empezó una amarga discusión a gritos por los pasi­llos de salida de la Facultad y acabó en un enfrentamiento fí­sico al llegar a la calle. Habiendo llegado a las manos y siendo observados por unos policías, fueron separados y llevados a comisaría. Al llegar a ella el comisario de turno preguntó pri­mero al joven profesor quién era. Éste empezó entonces a dar todo tipo de detalles sobre su doctorado, los muchos trabajos que había publicado, todos los premios que había recibido, los congresos donde había participado, etc. Más que la respuesta a un interrogatorio el joven profesor hizo como un ejercicio de oposiciones alegando méritos con todo detalle. Procedió entonces el comisario a preguntar al otro contendiente quién era, esperando posiblemente de don Julio, mucho más sénior que el anterior, otra larguísima respuesta de méritos. Pero no fue así. Don Julio se limitó a decir «Bueno, yo he sido el pro­fesor de él». Y aquí acabó el episodio.

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