Roger Wolfe. Que te follen Nostradamus.

junio 6, 2018

Roger Wolfe, Que te follen Nostradamus
DVD, 2001. 188 páginas.

Diario del autor durante el año de 1999, con la amenaza del fin del mundo pronosticada por Nostradamus. Le hace un corte de mangas y, pese a los problemas que la vida da siempre, seguirá adelante. Entre otras cosas porque la escritura nos salva.

Me alegra haber leído este libro. No está, como se afirma en el prólogo, lleno de grandes ideas. Tampoco hace honor a la fama de bruto y descarnado que tiene el autor. Realmente es un libro bastante doméstico, pudoroso incluso, puesto que sus grandes problemas se adivinan pero nunca se explican.

Algunos ejemplos: comenta que las hijas de algunos amigos han leído sus poemas, en los que se habla de lamer culos, pero no aparece nada de sexo explícito. Hay de fondo problemas de pareja, pero nada sabemos. Critica a los periódicos y revistas culturales que no pagan las colaboraciones, pero no es ni excesivamente cruel ni rencoroso.

Y está bien así. Como he dicho muchas veces soy un enamorado de las cosas pequeñas, sin aspavientos, cotidianas. Además me ha proporcionado unas cuantas pistas sobre escritores a seguir.

Recomendable.

Y folio todo lo que puedo. Pero nunca es suficiente. Es curioso: si no follas, quieres follar; y si follas, cuanto más folies, más quieres follar todavía. Desesperante. El sexo es lo único que vale la pena en este mundo. Quizá deberíamos tener épocas de celo, como los animales. Y que fuera así: aquí te pillo, aquí te mato. Gente follando por las calles. Tías que se te acercasen en el autobús, en el metro, en la cola del supermercado. «Folíame. Métemela aquí mismo». Sueños de hombre, claro. Las mujeres, por supuesto, funcionan de otra manera. O eso se supone. Pero no creo que les den a ellas esos jamacucos. Creo que su sexualidad es más emocional, más extrasexual. Se ponen cachondas de otras maneras. Y puede que ni siquiera se pongan cachondas. Puede que en el fondo siempre estén esperando a su Príncipe Azul; que el sexo sea una mera obligación secundaria. Hay ninfómanas, sí —o eso me han dicho—, pero yo nunca me he encontrado con ninguna. Y luego, hay que ver cuántas tías buenas se emparejan con auténticos tarugos, físicos y mentales. Me da la sensación de que en el terreno sexual pasa un poco como en el literario, en el profesional, en cualquier otro terreno o actividad de la vida: cuanto mejor seas, menos oportunidades tienes. Es tan malo ser demasiado bueno en lo que haces como ser malo. El mundo es de los mediocres, y quien es demasiado bueno les mete el pánico en el cuerpo. Te ven venir y te cierran la puerta en las narices.
Hoy ha habido bronca en casa. Como casi siempre, todo ha empezado por una estupidez. Mis gritos han debido de poder oírse en todo el edificio. Es una suerte que vivamos en un bloque de pisos tan antiguo. Está prácticamente vacío, y los domingos más todavía. No hay nadie en la academia del piso de abajo. A veces tenemos broncas a grito pelado en días de semana, y estoy seguro de que los de la academia lo oyen todo. Principalmente a mí, que soy el que grita. Se me va la chola. Se me va la chola por auténticas tonterías. Y ése es otro miedo. Muchas veces pienso que me estoy volviendo loco. Hace poco me lo comentaba José Ángel Mañas en una carta: «Estás al borde de la locura, y lo sabes». Puede que tenga razón. Aunque, si es así, llevo lustros al borde la locura. Es esta puta vida que llevamos. La permanente angustia económica. El no saber si vas a poder pagar el alquiler del mes que viene, poner los garbanzos en la mesa. Y la permanente lucha, en todos los frentes. La lucha para buscar trabajo. Luego, la lucha para cobrarlo, cuando lo consigues. Gente que paga a 60, 90 o 180 días, y aun así la tienes que llamar 25 veces por teléfono para que suelte la viruta. Deben de pensar que uno vive del aire. En España, por lo visto, es muy frecuente esa creencia. A principios de este mes tuve otra sonada bronca con Ajoblanco, por ejemplo. Me debían cosas desde hacía meses. Colaboraciones de hace siete meses. Les llamé una vez, dos, tres, cuatro, cinco, media docena de veces. Y siempre la misma historia. Te dan largas, te cuentan la milonga. Finalmente, tenía pendiente de enviarles un artículo sobre Leopoldo M.a Panero, y esperé hasta la fecha en que había quedado en enviarlo, y les llamé y les dejé un recado en el contestador, diciéndoles que no les enviaba nada hasta que me pagaran lo que me debían.

Un comentario

  • Cities: Walking junio 6, 2018en9:28 am

    Muy fan de Roger Wolfe. Sus «ensayos-ficción» están llenos de críticas demoledoras a la sociedad en que vivimos y eso siempre es de agradecer, por más que nosotros mismos seamos en parte responsables de sus miserias.

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