David Ohle. Motorman.

mayo 2, 2018

David Ohle, Motorman
Periférica, 2013. 158 páginas.
Tit. Or. Motorman. Trad. Juan Sebastián Cárdenas.

Extraña novela de culto. El protagonista vive en un ambiente que parece ser un extraño futuro en el que hay más de un sol, alguna luna de más, vive con dos corazones y un pulmon, está siendo observado por un tal Bunce, vigilado por los gelatestas. Su único aliado parece ser el doctor Burnheast y la trama va avanzando a través de llamadas telefónicas, cartas y extrañas conversaciones que no parecen conducir a ningún sitio.

Completamente original, creadora de un ambiente irreal y poderoso, con un elenco de personajes de los que no llegamos a saber nada pero con una presencia innegable. Deja el buen sabor de una comida nueva y especiada.

Pese a la contraportada no he sido capaz de encontrar la conexión con la guerra de Vietnam…pero no hace falta. El extraño universo en el que habita Moldeske se sotiene por si mismo.

Recomendable.

«No me digas. ¿Y si tú no estás seguro, cómo quieres que yo esté seguro? ¿Cómo vamos a hablar de esto? Cuéntame más, Dinky.»
«Creo que abrí a una pareja de gelatestas de Bunce. Pero no estoy seguro.»
«¿No estás seguro?»
«No, había estado masticando chinas. Veía y sentía como a través de una capa de algodón. No tengo certeza de nada.»
«Ya te he advertido sobre las chinas. ¿O no te lo advertí?»
«Cierto.»
«Tenías unas china en la boca cuando entré. Dime que me equivoco.»
«Te equivocas.»
«¿Así que abriste a un par de gelas?»
«Sí, quizás. El recuerdo está lleno de agujeros.»
«¿Pero hay un recuerdo?»
«Sí, me desperté pensando en ello. Era muy fuerte. Revisé mi ropa, mi vehículo. Sin duda había gelatina. Y esos granitos.»
«¿Y con qué lo hiciste?»
«Es posible que lo hiciera con mi abrecartas.»
«¿Puedo verlo?» Moldenke le dio el abrecartas, un simple punzón de cromo con mango de espirales. Burnheart lo olió, lo tocó y se lo devolvió. Los cigarrillos estaban medio consumidos. «Yo diría que lo hiciste tú o que lo hizo alguien con tu abrecartas, tu ropa y en tu coche. O una cosa o la otra.
Me temo que no sé qué decirte, Dinky. Bunce mueve muchos hilos.»
«Ayúdame, Burnheart.»
«No lo sé, Moldenke, no lo sé. Lo único que puedo hacer por ti es ser tu amigo. Sólo soy un científico, tengo mis limitaciones.»
«¿Debería escapar?»
«Yo me quedaría quieto por un tiempo.»
«¿Y qué hago?»
«Yo no haría nada por un tiempo.»
Parpadearon, tosieron. Los cigarrillos se consumieron. Burnheart se acercó a la ventana. «Ahí está. La ciudad. Los tejados de la ciudad. De nuevo en la ciudad. Mi humor está cambiando más rápido de lo que esperaba. Tendré que emprender el regreso al campo.»
«Burnheart, quédate un poco más.»
«No. Tengo experimentos que llevar a cabo, ratas y conejos que alimentar. Ya conoces el juego.»
«¿Te vas ahora mismo?»
«Sí. Sólo vine a traerte una carta que había escrito y que olvidé enviarte por correo. Se me ocurrió entregarla personalmente mientras estaba en la ciudad. Quizás sea la última vez que venga por aquí. Mis humores de ciudad son cada vez menos frecuentes y éste en particular da la impresión de ser el último.» Le entregó a Moldenke una carta. «Más vale tarde que nunca, como dicen por ahí.» «La leeré de todos modos.»

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