Dino Lanti. Cuentos cruentos.

marzo 15, 2018

Dino Lanti, Cuentos cruentos
Thule ediciones, 2008. 142 páginas.

Cuentos rimados y con moraleja, como los buenos clásicos. Pero los temas son otra cosa, Alicias drogadictas, Cenicientas gordas, cerditos hipotecados, vueltas al mundo en un metro…

Hay algunos verdaderamente notables y muy divertidos. Otros tiernos (La vuelta al mundo, por ejemplo). Algunos son más flojitos o tiran de un humor más grueso y algún que otro tópico. Pero el conjunto merece la pena, y no creo que sea un libro muy conocido.

Aquí lo comentan mejor: Cuentos cruentos. Para pasar un buen rato.

La vuelta al mundo en ochenta cercanías
Lo que no ha pasado a mediodía puede pasar por la noche.
César Borgia
El regalo que Djamila
pidió al cumplir siete años
hizo llorar a su padre,
que era un hombre un tanto huraño.
Mohámed se quedó viudo
(ya parece que fue ayer)
antes de que en la Península
pudiese entrar su mujer.
Al poco llegó Djamila,
niña guapa y andariega
que, tras una meningitis,
acabó quedando ciega.

Por eso cuando le dijo
que quería de regalo
dar la vuelta a todo el mundo,
su padre se puso malo.
(Y es que a Djamila ese otoño
se le enganchó la canción
—¿a quién no se le ha pegado?
-de que ochenta días son.)
Aquella noche Mohámed
sueña con que su mujer
lo despide con la mano
desde los muelles Alger.
Luego sueña con su padre,
que le agarra la muñeca
y llora porque se muere
sin haber ido a la Meca.
A la mañana siguiente
se pide fiesta unos días
para dar la vuelta al mundo
en ochenta cercanías.
Compró dos bonos de tren,
se estudió bien el horario
y acordó con los vecinos
el mejor itinerario.
Mientras Djamila en su cama
tiene sueños vagabundos
no sospecha para nada
lo cerca que está del mundo.
(En el trayecto habrá algunas
inverosimilitudes
pero los niños son listos
y las obvian, no lo dudes.)
Todas las noches Mohámed
se estudiaba alguna guía
para saber qué paisajes
describirle por el día.
Todos los que le escuchaban
pensaban que estaba loco,
pero hubiesen deseado
estarlo también un poco.
Mientras el tren recorría
las praderas de Mombasa,
no imaginaba Djamila
que estaba al lado de casa.

En casa de los Mobutu
comió carne de gorila
y la enviaron a la cama
bailando todos en fila.
Con la familia Strogoff
—los del puesto del mercado—,
subió a la montaña rusa
de los columpios de al lado.
Y en casa de los Yan Sun
Djamila comió Yin Seng
y vio la ciudad prohibida
andando por su almacén.
Telepizza la llevó a Roma a
por spaghettis
y una tarde en Cornelia
vio al león del Serengueti.
En el tercero vivía
una pareja argentina
con la que fue a ver la Pampa
en el parque de la esquina.
De Londres a Yokohama
de San Francisco a Bombay,
Djamila juega Alabama
y está que no Paraguay.
Mohamed siempre reserva
habitaciones con vistas
a los mejores paisajes
porque no van de turistas.
Una tarde la llevó
a ver la Barceloneta
y le contó que Colón
atracó allí su corbeta.
En el mercado latino
oyó cantar la Llorona
y remó en la Ciudadela
por el oscuro Amazonas.
Djamila se echó a llorar
cuando les tocó volver,
pues sabe que en el hogar
volverá a no poder ver.
Aunque han sido dos semanas
vagando sobre vagones
Djamila siente que han sido
dos años de vacaciones.

Y es que Djamila montó
sin pegas aquel Pegaso
y no exagero si digo
que gozó hasta los retrasos.
En su habitación Mohámed
se echa a llorar como un bobo
porque él también ha pasado
cinco semanas en globo.
Nuestro sponsor dice:
Del Clot a Santa Coloma,
de Montcada a Granollers
no veas cuántos países
puedes ver con la T-Diez.

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