Javier Gutiérrez. Un buen chico.

febrero 9, 2018

Javier Gutiérrez, Un buen chico
Mondadori, 2012. 140 páginas.

Un encuentro casual devuelve al protagonista el recuerdo de un pasado que creía olvidado. Lo que en apariencia era la historia fallida de un grupo indie esconde unos asuntos bastante turbios. Porque las apariencias engañan y los que parecen ser unos buenos chicos resultan no serlo tanto.

El estilo fragmentario hace que la trama se vaya revelando poco a poco. El narrador no es fiable ni siquiera cuando se desnuda delante del psicólogo, pero al final del relato tenemos todas las piezas del puzzle.

Un asunto muy bien tratado, también muy bien escrito, aunque la obsesiva repetición de los motivos en algunas ocasiones me resultó cargante. Pero consigue su propósito.

Muy recomendable.

Te lo dije, Chino, te dije que cantaba de puta madre.
¿Normal?, el psicólogo niega con la cabeza, ¿de verdad crees que todo esto que me has contado es normal?
No, no lo sé, Gabi, ni siquiera yo soy capaz de entenderlo, mi amor, me asusta ver el mundo como una pasta informe, como un puré que se enfría, no consigo ver más que monotonía, la miras, sus ojos azules como esferas de mercurio, el espejo de tu desolación.
Ven aquí, deja que te abrace.
Ya se me pasa, Gabi, cariño, mi amor, no es nada, solo esta melancolía imbécil, mi amor, que me destruye, mi amor, que me arrastra al fondo, tienes razón, me vuelve loco tanta tristeza, pero qué cono me pasa, no paro de acordarme del pasado, de la universidad.
Ni siquiera sé a qué te refieres, Rubén, qué es lo que echas tanto de menos del pasado, nunca sé si cuando hablas de eso hablas de mí o de ti o de qué.
Es algo que he perdido en este tiempo, no sé qué es ni cuándo lo perdí pero es como si fuera incapaz de encontrar satisfacción en nada.
En nada.
Gabi te mira, te diré lo que echo yo de menos del pasado.
La observas, sabes que debe de estar preciosa bajo la luz del atardecer, ¿por qué tú no puedes verla así, por qué la miras como si fuera transparente?
Nada, Rubén, no echo nada de menos de ese pasado, de la facultad. Vivía con mi madre, no tenía libertad, no tenía dinero ni independencia, no te tenía a ti.
Sales de la taberna de la calle Colón, Blanca ha quedado sentada, pálida.Trastabillando, caminas por las calles estrechas de Malasaña, como perdido, no puedes dejar de pensar. Qué has hecho, cómo lias dicho, por qué confesar.
Tropiezas. Pareces l»>i raí ho, peto no has bebido tanto. Son tnás de las doce, cuántas horas h.is pasado ahí dentro con Blanca. Tienes revuelto el estómago, sientes náuseas. No es el alcohol, te dices, no has bebido tanto. Es el pasado, 1997 es luz y 1998, sin embargo, es oscuridad. Huiste, aquel día, llegar a Casa y decir a tus padres que sí, que de acuerdo, harías el máster, aceptarías las prácticas en Estados Unidos. Huir. Venderse.
El psicólogo abre las manos ante ti. Rubén, pon que esta mano es tu cerebro racional y que esta otra mano es tu inconsciente. El tipo cierra el puño del cerebro racional. Lo que tu inconsciente está haciendo es pegarse a la realidad, manipularla. El tipo envuelve el cerebro racional con la mano del inconsciente.Tu inconsciente está tratando de ocultar la verdad, te protege, hay una guerra en tu interior, Rubén, lo que puedes y lo que no puedes tolerar de ti mismo, el cerebro racional coge los retales, lo que permanece, y monta una película. La versión de los hechos que estás dispuesto a aceptar
sobre ti mismo.
Pareces mareado, Polo. Necesito que me dé el aire, Blanca, me tengo que ir, se me ha hecho tarde, siento mucho lo de tu hermano, de verdad, lo siento más que nadie pero ahora sí que me tengo que ir.
Polo, quédate, por favor, necesito una explicación, necesito saber por qué. Cómo pudo. Si él me quería más que nadie, no, no puedo creerlo.
Esta mano es la realidad, Rubén, esta otra es un impostor. Blanca queda detrás, sentada, abatida, cierras la puerta de la taberna y comienzas a caminar. Tienes frío, te sientes mareado, tiemblas de camino a casa. Cuánto tiempo has pasado con Blanca, por qué has tenido que contar todo eso, estaba enterrado y ahora. En 1997 todo parecía funcionar a la perfección, como la maquinaria de un reloj. Escupes en el suelo, no has bebido tanto, te sobreviene una arcada, escupes.Tratas de vomitar pero no puedes.

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