Osamu Dazai. Indigno de ser humano.

febrero 7, 2018

Osamu Dazai, Indigno de ser humano
Sajalín, 2010. 126 páginas.
Trad. Montse Watkins.

Diario de un viaje a los infiernos, desde una niñez apacible donde el protagonista es un niño travieso y divertido, pasando por una juventud disoluta donde los sueños de ser pintor se verán truncados y acabando en una madurez en la que el alcoholismo hará estragos.

Lo mejor es la descripción de los sentimientos del protagonista, incapaz de encajar en la sociedad donde se encuentra siempre fuera de sitio, al que le cuesta relacionarse. El alcohol le sirve para paliar esa incapacidad, pero a la vez lo conduce a una existencia sin sentido, haciendo desgraciado a quien se junta con él.

Desasosegante, crudo, triste, desolador.

Era muy diferente a dormir tranquilamente en los brazos de aquellas prostitutas idiotas; ellas eran alegres. La noche que pasé con la esposa de aquel delincuente acusado de estafa fue muy feliz y liberadora. Imagino que no volveré a usar en estos cuadernos unas palabras tan decididas y sin vacilación.
Pero sólo duró una noche. Al abrir los ojos por la mañana, me levanté de un salto y volví a ser el bufón superficial de siempre. Los cobardes temen hasta la felicidad. Pueden herirse incluso con el algodón. A veces, hasta la felicidad les hiere. Antes de resultar herido, me apresuré a separarme de ella, utilizando las bufonerías como una cortina de humo.
«Aquello de que el fin del dinero es el fin del amor puede interpretarse al revés. No significa que cuando se termina el dinero la mujer abandone al hombre. Cuando se queda sin dinero el hombre se siente al fondo del abismo, sin el menor ánimo de reír, hundido en el pesimismo, y es él quien termina abandonando a la mujer. El hombre se vuelve medio loco y no para de dar sacudidas hasta que se libera de ella. Podrás encontrar la explicación del proverbio en el diccionario Kanazawa… Por mi parte, lo he vivido en carne propia».
Recuerdo que cuando me puse a decir esas tonterías, a Tsuneko le dio risa. Temiendo quedarme más rato, estaba dispuesto a marcharme sin lavarme la cara. Fue entonces cuando solté sin pensar aquello de que el fin del dinero es el fin del amor, lo que después acarreó serias consecuencias.

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