Cixin Liu. El problema de los tres cuerpos.

febrero 5, 2018

Cixin Liu, El problema de los tres cuerpos
Ediciones B, 2016. 412 páginas.
Trad.: Javier Altayó.

Prominentes científicos parecen estar suicidándose sin motivo aparente. Un juego de realidad virtual sobre un extraño planeta con tres soles acapara la atención de la gente. Los recuerdos de una física de alto nivel en los tiempos de la revolución cultural y su participación en un proyecto secreto que parece haber tomado contacto con los extraterrestres puede tener la clave para resolver el misterio.

Ha sido el gran acontecimiento de la temporada y lo han recomendado personajes tan eminentes como Obama y Zuckeberg. De lo que saco en conclusión que el mal gusto está en todos los estratos de la sociedad. Es un libro bastante malo.

No del todo, las partes que hablan de la revolución cultural, la represión de los intelectuales y los campos de reeducación están muy bien. Me pusieron los pelos de punta. Pero el resto, la parte de ciencia ficción… es realmente muy mala.

Es mala no sólo porque la ciencia que está detrás no tiene ni pies ni cabeza. Ni porque muchas de las situaciones sean bastante inverosímiles (sí, la ciencia ficción también debe tener verosimilitud). Ni siquiera por el abuso del deus ex machina que alcanza niveles de sonrojo con cierto uso de los protones.

Es mala porque tiene un estilo muy viejo, de los cincuenta, y ya llevamos mucho del siglo XXI para tragar con tanto cartón. Todavía hay dos volúmenes más de la saga que, como pueden imaginar, no voy a leer. Otra reseña mejor que la mía: El problema de los tres cuerpos

Mediocre.

—Si realmente es ese el caso, princeps —intervino el consejero de Asuntos Militares—, las implicaciones son aún más aterradoras…
—Ciertamente. No resulta descabellado imaginar que, con la ubicación de Trisolaris revelada, la Tierra decida contraatacar enviando una flota interestelar con la misión de eliminar futuras amenazas. Así, mucho antes de que un sol expandido engulla el planeta, la civilización trisolariana habrá sido aniquilada por los terrícolas.
El brillante futuro que imaginaban se había vuelto de repente intolerablemente desalentador. Todos guardaron silencio.
—Lo primero que debemos hacer —prosiguió el princeps— es contener el progreso de la ciencia en la Tierra. Afortunadamente, en cuanto nos llegaron sus primeros mensajes empezamos a concebir planes para ese fin. Por el momento contamos con una circunstancia a nuestro favor: la respuesta que acabamos de recibir fue enviada por un terrícola traidor, lo cual nos da motivos para aventurar la existencia de más fuerzas alienadas en el seno mismo de la civilización terrestre; fuerzas que debemos saber aprovechar al máximo.
—No será fácil, princeps. Disponemos de una sola línea de comunicación con la Tierra y completar cada intercambio requiere más de ochenta mil horas.
—Tengan en cuenta que probablemente, al igual que pasó aquí, el mero conocimiento de la existencia de civilizaciones ex-traterrestres conmocione a toda la sociedad del planeta y la marque profundamente. Eso nos da motivos para creer que las fuerzas alienadas de la civilización terrestre se unirán y aumentarán.
—¿Y qué podrán hacer? ¿Llevar a cabo algún tipo de sabotaje?
—Dado el desfase temporal de cuarenta mil horas, el valor estratégico de las tácticas bélicas o terroristas convencionales es nimio; además, siempre podrían recuperarse. Solo hay un modo de contener el desarrollo de una civilización y desarmarla durante un período tan extenso: terminar con su ciencia.
—El plan se centra, por un lado, en enfatizar y amplificar los efectos negativos que tiene en el medio ambiente el desarrollo de la ciencia —dijo el consejero de Ciencia—. También, por otro, en mostrar indicios de poder sobrenatural a la población. Asimismo, para resaltar los efectos negativos del progreso, intentaremos utilizar una serie de «milagros» a fin de crear un universo imaginario que la lógica de la ciencia no pueda explicar. Una vez que estas ilusiones se hayan mantenido durante cierto tiempo, es muy posible que en la Tierra la civilización trisolariana se convierta en objeto de adoración religiosa. Cuando las ideas no científicas prevalezcan sobre el pensamiento científico, se abrirá la puerta que conduce al colapso de todo su sistema de pensamiento científico.
—¿Cómo crearemos esos milagros?
—Es muy importante que no se descubra que se trata de un truco. Es posible que tengamos que dar a conocer a las fuerzas alienadas de la Tierra cierto número de tecnologías que estén muy por encima del nivel tecnológico humano del momento.
—¡Eso es demasiado arriesgado! —objetó el princeps—. ¿Quién sabe en qué manos acabarán esas tecnologías? Es jugar
con fuego.
—Está claro que habrá que estudiar las tecnologías concretas a revelar…
—Un momento, consejero de Ciencia —lo interrumpió el consejero de Asuntos Militares, levantándose—. Princeps, quiero dejar constancia de mi oposición a ese plan; es prácticamente
inútil.
—Es mejor que nada… —sostuvo el consejero de Ciencia.
—¿Cuánto mejor? —replicó con desprecio el consejero de Asuntos Militares.

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