Marcos Ana. Poemas de la prisión y la vida.

enero 17, 2018

Marcos Ana, Poemas de la prisión y la vida
Tabla rasa, 2011. 126 páginas.

Marcos Ana ingresó en la prisión en 1939, con apenas 19 años. Estuvo preso hasta 1961, cuando fue liberado gracias a la gestiones de la recién creada Amnistia Internacional. En la cárcel escribió numerosos poemas que han sido calificados como poesía de trinchera. En ellos nos cuenta su vida penitenciara y defiende un ideario de izquierdas no revanchista.

Los habituales en esta web ya me han oído decir muchas veces mi falta de talento para apreciar la poesía. En estas páginas hay muchos poemas verdaderos, escritos desde el dolor. Es difícil no estremecerse cuando el poema se interrumpe por la llegada del carcelero. Pero en cuanto a estilo confieso no haberme sentido demasiado emocionado.

Aún así, muy interesante.

¿La vida?
Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.
Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.
¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.
No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.


No rogamos clemencia. Yo no pido
perdón para la vida que me deben.
Odio la voz delgada que se postra
y el corazón que llora de rodillas
y esas frentes vencidas, en el polvo,
hecha añicos la luz del pensamiento.

Yo no pido clemencia. Yo no junto
las manos temblorosas en un ruego.
Arden bosques de orgullo en mi palabra
cuando exigen que las puertas
de la venganza oscura se derriben
y a los hombres descuelguen de sus cruces.

Yo no pido clemencia. Yo denuncio
al dictador cadáver que gobierna
la vida de los hombres con un hacha
y ahora quiere dejar para escarmiento
mi cabeza cortada en una pica.

Yo no pido clemencia.
Doy banderas.
Paso de mano en mano el golpeado
corazón de mi pueblo prisionero.

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