Boris Pilniak. Caoba.

enero 10, 2018

Boris Pilniak, Caoba
Veintisiete letras, 2010. 164 páginas.
Tit. Or. Krasnoe derevo. Trad. Sergio Pitol.

Un lujo de libro. Una edición excelente acompañada de una traducción a cargo de un escritor de altura, que también se ocupa del prólogo. Recoge los siguientes relatos:

Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos
La ciudad de Ordynin
El milenio
Al Viejo Queso de Cheshire
Caoba

Que van desde la historia de una rusa enamorada de un japonés y las razones de su repatriación de Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos a la descripción de la decadencia del antiguo régimen y el saqueo del nuevo en Caoba y relatos como este último provocaron la caída en desgracia del escritor, muerto en un Gulag.

Pilniak tiene un estilo muy moderno, de estructura fragmentada y una prosa fresca y limpia bien cuidada por la traducción de Pitol. Se describen grandes historias en breves párrafos. Una delicia.

Muy recomendable.

Un día, en el cine, el encargado de la Sección de Comercio Interior, un tal Saz, o tal vez Kaz, en estado de absoluta sobriedad tropezó por descuido, sí, únicamente por distracción, con la mujer del presidente del comité ejecutivo. Esta le dijo con desprecio:
—¿No sabe que soy la Kuvarzina?
Saz, que ignoraba el prestigio de aquel apellido, se excusó asombrado y después, debido a aquel asombro no disimulado, fue expulsado del distrito.
Las autoridades de la ciudad vivían en un grupo cerrado, misterioso, apartado del resto, debido a la desconfianza innata que hacia ellos sentía el resto de la población. Habían sustituido la política por el compadrazgo y cada año se reelegían entre sí, intercambiándose los cargos del distrito, según las diversas maniobras que permitía el compadrazgo, y, sobre todo, obedecían al principio de que se debe durar poco en un puesto para durar mucho en la administración, o sea que «quien la acorta, la alarga», como reza la fábula de Krylov.
En los asuntos económicos regía el mismo sistema de compadrazgo. La economía estaba representada por el complejo industrial (inaugurado el año en que Iván Ochogov —protagonista de nuestro relato— se retiró voluntariamente a vivir entre los locos). Eran miembros del complejo, el presidente del comité ejecutivo Kuvarzin (marido de la famosa Kuvarzina) y el encargado del comité de inspección de obreros y campesinos, Presnuchin. El complejo estaba presidido por Nedogusov.
La labor administrativa consistía en un lento despilfarro de las riquezas acumuladas antes de la revolución, hecho con desparpajo y en bastante buena armonía. La producción de man-
tequilla se llevaba a cabo con pérdidas, así como también con pérdidas trabajaba el aserradero. La curtiduría, si bien era cierto que no trabajaba con pérdidas, también lo era que no producía beneficios ni tomaba en consideración la amortización del capital. En pleno invierno, bajo la nieve, a una distancia de cincuenta verstas, empleando cuarenta y cinco caballos y a la mitad de la población del distrito, fue arrastrada hasta la curtiduría una nueva caldera. La transportaron para poco después abandonarla; no era la apropiada; consignaron su costo en el renglón de beneficios y pérdidas. Adquirieron después una máquina para desmenuzar la corteza de los árboles que también fue abandonada porque resultó insatisfactoria. La anotaron también en la sección de beneficios y pérdidas. Más tarde, se obtuvo para la trituración de la corteza una máquina desmenu-zadora de forrajes que nunca pudo usarse ya que la corteza es diferente de la paja, y también su costo fue registrado.
Con el propósito de mejorar la vida de los obreros se realizaron algunos trabajos de construcción; se compró una casa de madera de dos pisos, que fue transportada a la curtiduría y aserrada para aprovechar la leña, ya que la madera resultó podrida. Se descubrió que no tenía sino trece vigas sanas. Con la suma de nueve mil rublos se construyó un inmueble habitacio-nal, cuya edificación terminó precisamente cuando cerraban la curtiduría: no arrojaba pérdidas como las otras empresas pero tampoco proporcionaba beneficios. Y por tal motivo el edificio nunca fue habitado.

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