Juan Vilá. M.

enero 8, 2018

Juan Vilá, M
Piel de Zapa, 2012. 254 páginas.

Reconozco empezarlo con prejuicios: llevaba una racha de varios libros mediocres o malos y el texto de la contraportada que afirma está destinado a ser novela de culto me daba más miedo que otra cosa.

Pero no, me he encontrado con una novela muy interesante, bien construida, muy bien escrita, que juega con el género de la ciencia ficción y los universos paralelos pero sin abusar y con todo en su sitio.

La historia es difícil de describir sin destripar un poco la trama. La trama básica se centra en Juan, que estuvo saliendo con Rebeca, hija de LA SEÑORA PRESIDENTA (trasunto nada disimulado de Esperanza Aguirre). Luego mantuvo una relación con Sonia, una aspirante a actriz de cuerpo perfecto pero un poco loca. Tu vida puede cambiar mucho dependiendo de las elecciones que hagas, y aquí, gracias a una curiosa interpretación de la teoría M, pueden incluso mezclarse.

Yo he disfrutado mucho de la idea y del resultado. Muy recomendable.

La locura de Sonia era una locura explosiva. De pronto se disparaba. Brotaba por cualquier motivo: un ataque de celos, o que en un castíng no la hubieran cogido, o si alguien la miraba mal. Entonces se ponía muy agresiva. Una vez le rompió una botella a un chino en la cabeza. Nunca he sabido por qué.

No iba al psiquiatra. Decía que eso podía acabar con su talento. Para ser actriz, trataba de convencerse, es mejor tener algún trauma.

Había sin embargo un diagnóstico y un nombre para su problema. Un día, alguien le dio unos papeles y le recomendó que se tratara: debía aspirar a llevar una vida lo más normal posible. Y hacer una terapia, sobre todo eso, aprender a controlar sus impulsos.

¿Control de impulsos? Tu puta madre, me respondió. Y se me tiró encima como una fiera. Me arañó la cara. Y yo me defendí. Se llevó un par de hostias. Un puñetazo bien dado que la dejó sin aire. Todo muy tremendo.

La llamé loca, la dejé ahí tirada, retorciéndose y tratando de respirar.

Me pasé un par de días sin saber nada de ella. Cuando me llamó estaba en el hospital: había intentado suicidarse. Leyó los papeles y se reconoció en todo. Se sintió una mierda. Tal vez no fuera tan especial. Tal vez sólo estaba enferma. Al principio creyó que no iba a poder soportarlo. Lo malo es que uno, al final, acaba soportándolo todo.

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