Samanta Schweblin. Pájaros en la boca.

octubre 24, 2017

Samanta Schweblin, Pájaros en la boca
Random House Mondadori, 2010. 222 páginas.

Incluye los siguientes cuentos:

Irman
Mujeres desesperadas
En la estepa
Pájaros en la boca
Perdiendo velocidad
Cabezas contra el asfalto
Hacia la alegre civilización
El cavador
La furia de las pestes
Sueño de revolución
Matar a un perro
La medida de las cosas
La verdad acerca del futuro
La pesada valija de Benavides
Conservas
Mi hermano Walter
Papá Noel duerme en casa
Bajo tierra

Y, de momento, es el conjunto que más me ha gustado de la autora, todos los relatos muy solventes y algunos excelentes. Uno de mis preferidos Cabezas contra el asfalto del que dejo una muestra.

Otras reseñas: Pájaros en la boca, por Samanta Schweblin y
PÁJAROS EN LA BOCA, de Samanta Schweblin

Si golpeas mucho la cabeza de alguien contra al asfalto —aunque sea para hacerlo entrar en razón—, es probable que termines lastimándolo. Esto es algo que mi madre me explicó desde el principio, el día que golpeé la cabeza de Fredo contra el piso del patio del colegio. Yo no era violento, quiero aclarar esto. Sólo hablaba si era estrictamente necesario, no tenía amigos ni enemigos, y lo único que hacía en los recreos era esperar solo en el aula, alejado del ruido del patio, hasta que la clase volviera a empezar. Esperaba dibujando. Eso apuraba el tiempo y me apartaba del mundo. Dibujaba cajas cerradas y peces con forma de rompecabezas que encastraban entre sí. Fredo era el capitán del equipo de fútbol y hacía con los demás lo que quería. Como esa vez que a Cecilia se le había muerto el tío y le hizo creer que había sido él. Eso no está bien, pero yo no me meto en problemas ajenos. Un día, durante un recreo, Fredo entró en el aula, me sacó el dibujo en el que estaba trabajando y se fue corriendo. Lo corrí hasta el patio. El dibujo eran dos peces rompecabezas, cada uno en una caja, y ambas cajas dentro de otra caja. Saqué eso de cajas dentro de cajas de un pintor que le gustaba a mamá

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