Lola Morales. Los números imaginarios.

septiembre 4, 2017

Lola Morales, Los números imaginarios
Adeshoras, 2016. 148 páginas.

Incluye los siguientes relatos:

Síndrome del cuerpo fantasma.
Elegir a papá
Puente aéreo
Las muñecas
Rito de paso
Cláusula 20
Tradiciones familiares
Primera ley de Newton
Edificio Bonsái
Los tonos de blanco
Tres corazones
El enjambre
Los números imaginarios

Con los que no puedo ser objetivo porque los he leído varias veces, antes de que se publicaran y en diferentes versiones. Vengo leyendo a Lola desde que publica en su blog, algunos de sus microrrelatos los he usado en mis sesiones de cuenta cuentos y siempre me ha gustado como escribe.

Por eso me alegra que una editorial apueste por ella, ya que sus relatos son sólidos, sugerentes, imaginativos y en más de una ocasión me han tocado la fibra sensible. Entre mis preferidos Elegir a papá, un reality donde un niño podrá averiguar quién es su padre, con suculentos premios si es capaz de acertar.Rito de paso, donde no sabemos nada de lo que ocurre en la vida del hijo del carnicero pero podemos imaginar muchas cosas. Cláusula 20 que nos presenta de refilón un futuro a la vuelta de la esquina y está magníficamente escrito.

Con frecuencia los mejores libros que leo están fuera del circuito habitual de promoción. Este es uno de esos casos. Un conjunto excelente que recomiendo sin dudar de una autora que espero que nos siga proporcionando buenas horas de lectura.

Muy recomendable.

Tú, claro, no sabes que ese es tu último día, cómo podrías saberlo. Por eso cruzas tranquilo la calle para comprar el periódico habitual de los sábados. Al fondo suena el bramido de un camión cisterna que se acerca rápido a ti. Entonces llama tu madre para recordarte que mañana es domingo y hay sobrinos y paella. Recuerdas lo hastiado que estás de esa paella y los sobrinos, pero respondes sí mamá, mañana a las tres, vale mamá, llevaré pan. Mañana, como si para ti hubiera mañana. Encima, por primera vez en cuarenta años, tu quiosco está cerrado y miras de un lado a otro, desubicado, como si aquello fuera una broma, incómodo por esa inesperada modificación del sábado. Un tipo que pasea un hurón peludo y nervioso -el hurón, el tipo rebosa calma- te señala al otro lado de la calle, allí puedes calmar tus ganas de conocer las novedades en el diario de cada sábado. En ese momento, más ingenuo que nunca, decides que quieres tener también tu hurón peludo y nervioso para pasearlo así, con sombrero, puro y gabardina, con una correa retráctil. El lunes, el mismo lunes comprarás uno, como si fueras a tener un lunes más.
Al volver a la otra acerca, te cruzas con un payaso con sus mejillas rojas y zapatos gigantes que corretea gracioso por la avenida saltándose los semáforos.
—¡La primera ley de Newton! -grita divertido y luego hace sonar su trompeta-. ¡Usted siga así, siempre recto!
Tú estiras el cuello lo máximo posible y enrollas el periódico para agitarlo en forma de saludo. Un payaso.

Tras verle te entran ganas de comida rápida. Nada más llegar a casa, llamas a un chino. «¿Qué me recomienda?», dices. O quizá no, quizá digas «lo de siempre» y, con solo reconocer tu voz, Xu Lian apunta tallarines con ternera y setas. Pero si el chino está cerrado, tendrás que meter una pizza en el horno, a doscientos grados, todo lo cocinas a doscientos grados porque así no hay fallo posible. De postre te espera el yogur cremoso de fresa y esa emoción contenida que sientes tras una buena elección. Ni siquiera te das cuenta de que has encendido la tele y llevas un rato silbando el soniquete completo de un programa de parejas. Recuerdas la textura cremosa y algo acida del yogur de fresa antes de abrir una web de citas y escribir el mismo mensaje a más de cincuenta chicas, un mensaje idéntico en el que dices que te encanta su perfil y compartís aficiones. Una rubia de labios finos contesta que sí, que mañana tomáis café a las seis. Mañana, como si fueras a vivir ese domingo. Compruebas que la chica no está mal, ojalá sus tetas sean como en la foto. Satisfecho con tu elección -como si de verdad la hubieras elegido y no fuera solo la única en contestar-, te recuestas en el sofá imaginando el día siguiente, tras el café. Crees que mañana la ayudarás a quitarse el abrigo en tu casa, exhibiendo esa técnica de seducción tan depurada de la que podrías listar cada paso: la copa de vino Rosellón de la cesta de navidad, el lóbulo de su oreja izquierda, tan frío y suave como el yogur cremoso de fresa, la postura habitual, quizá su reproche por la falta de tacto; pero también puede que te bese y pregunte si volveréis a veros y tú le dirás que sí, claro que sí, por qué no

2 comentarios

  • Lola septiembre 9, 2017en1:45 pm

    Ya te lo he dicho: han sido tantos los buenos libros que he encontrado en este blog que este es un poco tuyo. ¡Gracias! 🙂

  • Palimp septiembre 12, 2017en11:21 am

    El mérito del libro es de tu talentazo. ¡Abrazos!

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