Javier Reverte. El hombre de las dos patrias.

julio 13, 2017

Javier Reverte, El hombre de las dos patrias
Ediciones B, 2016. 174 páginas.

Un homenaje al escritor Albert Camus. El autor viaja a Orán y Argel para buscar las huellas de Camus, y nos va describiendo el viaje alternándolo con apuntes históricos y biográficos. Sirve como retrato de actualidad y como semblanza.

Curioso como Camus no es muy apreciado en Argel por considerar que en sus libros hace de menos a los que llama ‘los árabes’. Buena la contestación de aquel que dice que un buen escritor nos pertenece a todos.

Se incluyen fotografías de donde vivió el escritor y paisajes en general. Un libro apañado.


La avenida resultaba muy viva y populosa pasado el mediodía. Adentrándome más y más en el barrio, la antigua Rué de Lyon se iba estrechando, poblándose más y más de peatones; grandes ficus y acacias daban espesa sombra a las aceras y los edificios eran más bajos y humildes.
Llegamos al número 93, la segunda casa de Camus en el barrio de Belcourt. Era una vivienda de dos plantas, casi enterrada entre dos edificios de mayor altura, con una tienda al lado de telefonía móvil. La vivienda de Camus estaba en la primera planta, con tres ventanas que daban a la calle. Traté de entrar. Pero el conserje, que era al mismo tiempo dueño del inmueble, me cerró el paso con aire furibundo.
Houari se irguió a mi lado con aire retador. Pero le disuadí de hacer algo. Al salir, un hombre de unos setenta años se me acercó.
—Viene por Albert Camus, ¿verdad? —le dijo—. Aquí se acercan muchos turistas, franceses sobre todo, pero también americanos e, incluso, japoneses. Y el dueño y los inquilinos están hartos de visitas, por eso no le ha dejado entrar.
—¿Conoce la casa?
Asintió:
—Está como entonces: es una vivienda pobre, porque Camus nació pobre.
—¿Lo ha leído?
Miró hacia los lados.
—Claro, pero a las gentes de por aquí no les gusta. Creen que no era de los nuestros.
—¿Y usted qué cree?
—Que un gran escritor nos pertenece a todos.
Se llamaba Mohamed Hali Abessami y me acompañó durante un rato.
—Belcourt ha cambiado mucho. ¿Ve esa esquina? Antes había un bonito café de estilo andaluz, pero cerró después del terremoto. Muchos españoles vivían en el barrio, pero se fueron en el 62, cuando la independencia.
Me habló de la «década negra».
—Aquí fue terrible. Los islamistas mataban a la gente por la calle, a plena luz del día. Yo pasé esos diez años casi sin salir de casa…, perdí una buena parte de mi vida sin ver el sol y el mar.

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