Eider Rodríguez. Un montón de gatos.

noviembre 24, 2016

Eider Rodríguez, Un montón de gatos
Caballo de Troya, 2012. 176 páginas.

Incluye los siguientes cuentos:

Gatos
La muela
La semilla
La maleta
Sed
El verano de Omar
Capitalismo
Louis Vuitton

Los gatos son egocéntricos. Van a la suya. Sólo se preocupan de su aspecto y sus necesidades, carecen de empatía, de pertenencia a la manada. Como los protagonistas de estos relatos.

Es una sorpresa agradable cuando en vez de buscar la literatura te la encuentras. Eider escribe muy bien, especialmente porque nunca te dirige como lector. Narra los hechos y te toca a ti sacar las conclusiones. Que en la mayoría de los casos son profundas y oscuras.

Muy bueno.

A las nueve menos diez, Yves se dirige a trabajar en la furgoneta que lleva el nombre de su tienda de lámparas.
Agnés se dedica a las tareas del hogar y del jardín. Hace tres años que viven en casas contiguas. Únicamente el tiempo turba los modos de vida de los vecinos.
La casa de Yves pertenecía a un matrimonio mayor de Madrid. Todos los miércoles Yves cena con sus dos hijos. Si no hace demasiado frío lo hacen en la terraza, sin importar si es invierno o verano. En esos días, Agnés los escucha desde su terreno, y es tan abundante la vegetación del jardín del hombre, que ni tan siquiera necesita esconderse. Además de hablar sobre rugby, también hablan de coches y de mujeres. A veces hablan de la dependienta de la gasolinera de Pausu, otras muchas veces hablan de las hijas de un primo. Y Agnés se sonroja al pensar que padre e hijos estarían dispuestos a compartir la misma mujer.
Cada vez que lo hace, Agnés sueña con llevarles un pavo asado rodeado de patatas o de castañas, servirlo hasta hacer rebosar sus platos, sentarse con ellos, aceptar una copa o dos, reír sin hacerse notar.
Pero hace semanas que a causa del mal tiempo Agnés ha de conformarse con verlo únicamente por la mañana, ya que Yves tiene por costumbre cenar en la sala, a la
luz del televisor. Aunque Agnés ha aprendido a leer las sombras.
Ahora el día se le hace largo. Antes, cuando cuidaba de la señora Bretal, Yves y ella llegaban a casa casi a la misma hora. Pero al morir la vieja, Agnés se quedó sin trabajo, y la chica de ANPE le propuso rellenar los formularios para pedir la jubilación. A pesar de que el momento de hablar con su hermana que vive en Toulouse sea el jueves por la noche, aquel lunes por la mañana la telefoneó pidiendo consejo. Fue ella quien dirimió el asunto. Por la tarde su hija lo corroboró. Al día siguiente Agnés era una mujer retirada.
Ahora, cuando Yves se va a trabajar, Agnés le ofrece a su gato una bolsita de comida húmeda, y piensa que no hay más que fijarse en el brillo de su pelo para darse cuenta de que es un gato feliz, y tranquiliza a Lili a golpe de caricias, ya que se pone nerviosa cuando otro gato anda rondando.

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