Seicho Matsumoto. El expreso de Tokio.

julio 18, 2016

Seicho Matsumoto, El expreso de Tokio
Libros del Asteroide, 2014. 216 páginas.
Tit. Or. Ten to Sen. Trad. Marina Bornas.

Curiosa novela negra en la que se resuelve un crimen a dos bandas entre dos inspectores de policía obsesionados porque los horarios de trenes no se ajustan al que ellos consideran que es culpable.

La descripción de ambientes y personajes japoneses me ha resultado curiosa, pero a dios pongo por testigo que nunca he leído una novela negra tan aburrida. Thriller para contables.

Se deja leer.

3. Las dos estaciones de Kashii
Jutaro Torigai llegó a casa sobre las siete de la tarde. Aunque hizo ruido al abrir la puerta enrejada de madera, nadie salió a recibirlo. Se quitó los zapatos en el estrecho recibidor. No vio a su esposa, pero oyó su voz al otro lado de la puerta corrediza de papel:
— ¡Hola! ¡Tienes el baño a punto!
Eso significaba que tenía que bañarse antes de cenar. Abrió la puerta y encontró a su mujer sentada ante sus labores. Encima de la mesa había una tela blanca.
— Creíamos que llegarías tarde y hemos cenado antes porque Sumiko quería ir al cine con Nitta. Date un baño, anda.
Jutaro se desnudó sin decir nada. El forro interior de su viejo traje estaba maltrecho. La tierra y el polvo acumulados en el pantalón se desparramaron por el tatami, como si estuviera despojándose del cansancio de toda la jornada.
Su trabajo no le permitía llegar a casa a una hora concreta. Si a las seis y media aún no había llegado, su mujer y su hija cenaban sin esperarlo. Su hija se llamaba Sumiko, y Nitta era su prometido. Según su mujer, aquella noche habían ido al cine.
Jutaro se metió en la bañera en silencio, como de costumbre. Era una vieja bañera tradicional en forma de caldero.
— ¿Cómo está? —le preguntó su mujer, refiriéndose a la temperatura del agua.
—Bien —repuso Jutaro, que no tenía ganas de hablar. Mientras se bañaba, tenía la costumbre de ensimismarse en sus pensamientos.
Se puso a pensar en los dos cadáveres del día anterior. Todo parecía indicar que se trataba del suicidio de dos amantes, pero no lo sabrían con certeza hasta que llegaran los familiares de las víctimas, que les habían notificado por telegrama desde Tokio que irían a recoger los cuerpos. La prensa destacaba que Sayama estaba implicado en el caso de corrupción recientemente descubierto y que, con su muerte, evitaría que la investigación comprometiera a sus superiores. Al parecer, Sayama era un hombre honrado y discreto. Además, según algunos periodistas, mantenía una relación íntima con Toki que no funcionaba del todo bien. Al suicidarse, habría matado dos pájaros de un tiro y solucionado sus problemas con su amante y con la justicia. En ese caso, se podría deducir que su problema principal era el caso de corrupción y que sus problemas amorosos le habían dado el empujón que le faltaba para quitarse la vida.
«Sin embargo —pensó Jutaro, lavándose el rostro con el agua caliente—, a pesar de que llegaron juntos a la estación de Hakata en el Asakaze, él se alojó solo en la pensión mientras ella estaba quién sabe dónde. Sayama llegó a la pensión Tambaya la noche del 15 de enero.

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