Vicente Blasco Ibañez. La catedral.

noviembre 18, 2015

Vicente Blasco Ibáñez, La catedral
RBA.

Gabriel Luna fue un chico que iba para seminarista al que las circunstancias de su tiempo, tras pasar por la guerra carlista y un exilio europeo, le han llevado a convertirse en anarquista. Perseguido por unos atentados en los que no tuvo parte se refugia en la catedral de Toledo, donde su familia ha trabajado siempre. Allí, aunque intenta pasar desapercibido, ejercerá su apostolado laico.

De las novelas del autor que he leído últimamente es la que menos me ha gustado. La trama es una excusa para desarrollar las ideas anticlericales y de izquierdas del autor. Y aunque estoy de acuerdo con ellas, pesan mucho en el resultado final, que tiene más forma de panfleto que de novela. El talento del autor hace que a pesar de todo se lea con gusto.

A destacar la tesis -presente de soslayo- de que las nuevas ideas no son digeridas adecuadamente por el proletariado en ciernes, tesis un poco paternalista que también se ve en alguna novela de Bulgakov. otra reseña aquí: RESEÑA: La Catedral, de Vicente Blasco Ibáñez, que desarrolla en profundidad trama y trasfondo del libro.

Calificación: Bueno.

La pueden leer entera aquí: La catedral

Yo me ocupo poco de religión. Creo lo que me enseñaron, y no me tomo el trabajo de averiguar más. Sólo me preocupa la música, que alguien ha dicho que será la religión del porvenir, la manifestación más pura del ideal. Todo lo que es hermoso me gusta y creo en ello como en una obra de Dios. «Creo en Dios y en Beethoven», como dijo su discípulo… Además, ¿qué religión tiene la grandeza de la música? ¿Conoce usted el último cuarteto que escribió Beethoven? Se sentía morir, y al borde de la partitura escribió esta pregunta aterradora: «¿Es preciso?» Y más abajo añadió: «Sí; es preciso, es preciso.» Era necesario morir, siendo un genio, abandonar la vida cuando aún llevaba en la cabeza tantas sublimidades, pagar el tributo a la renovación humana, sin consideración a su majestad de semidiós. Y entonces escribió este lamento, esta despedida a la vida, cuya grandeza no puede ser igualada por ningún canto, por ninguna palabra de la religión.


Todos son hombres, Gabriel—decía a su sobrino hablando de los señores de la catedral—. Don Sebastián es hombre también. Todos pecadores y con mucho de que responder ante Dios. No puede ser de otra manera y yo lo excuso. Pero créeme, sobrino; muchas veces me dan ganas de reír, cuando veo a la gente arrodillada ante ellos. Yo creo en la Virgen del Sagrario y un poquito en Dios; pero ¿en esos señores? ¡Si los conocieran como yo!… Pero, en fin, todos hemos de vivir, y lo malo no es tener defectos, sino ocultarlos, hacer la comedia como el sinvergüenza de mi yerno, que ahí donde lo ves, grandote como un castillo, se da golpes de pecho, besa el suelo lo mismo que las beatas, está deseando mi muerte, creyendo que guardo algo en mi arcón, y quita lo que puede del cepillo de la Virgen, y roba las velas, y hace trampas en el cobre de las misas, y ya estaría en la calle si no fuese por mí, que pienso en mi hija, siempre enferma y en los pobrecitos de mis nietos.

2 comentarios

  • Cities: Walking noviembre 18, 2015en9:21 am

    Pues le tengo unas ganas a Blasco Ibáñez que no veas. De hecho me bajé tropecientas novelas suyas de Amazon a 0,00€. ¿Alguna recomendación para empezar?

  • Palimp noviembre 19, 2015en12:23 pm

    La Barraca y Cañas y Barro, de las que he leído, las mejores. Arroz y Tartana tampoco está mal, muy adecuada para los tiempos que corren de burbujas financieras.

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