Ignacio Ferrando. La piel de los extraños.

enero 2, 2015

Ignacio Ferrando, La piel de los extraños
Menoscuarto, 2012. 237 páginas.

Con este libro de relatos ganó el autor el premio Setenil y se incluyen los siguientes:

Los atardeceres de Tagfraut
Los sistemas
Tres violines
Mathilda y el hombre del tiempo
Liberación
Veintiséis o la física de un resplandor
La piel de los extraños
Babel
Pelícanos
Un buen tipo demasiado sentimental
Las profundidades

Si me preguntan mi opinión, son buenos, pero no para tanto. El que da título al volumen no es de los que más me ha gustado. Se agradece la variedad de temas, desde el espacio imaginario que se vuelve real en Los atardeceres de Tagfraut hasta quien vuelve a su pueblo y nadie lo recuerda en Tres violines. El aparato matemático de Los sistemas no ha conseguido seducirme, sí la historia detrás de Veintiséis o la física de un resplandor, mi preferido del conjunto, donde creo que hay un error de edición cuando habla de los cuarterones de Hamilton, cuando supongo que hará referencia a los cuaternones.

Otras reseñas: “La piel de los extraños”, de Ignacio Ferrnado , Ignacio Ferrando. “La piel de los extraños” y La piel de los extraños – Ignacio Ferrando., donde en general ha gustado más que a mí.

Calificación: Bueno.

Extracto:
Nos gustaba darle ese aire clandestino a las reuniones, como si los operarios de la fábrica, con sus monos sucios de grasa y sus dedos velludos, fueran una amenaza, como si el revuelo de cucharillas y loza fuera otro mundo, un sonido distante apagándose cada viernes. Pero lo único singular que allí se hablaba —si es que había algo— eran las matemáticas. Tarados. Fuera del círculo no recuerdo a nadie capaz de conmoverse con los cuarterones de Hamilton, de conspirar contra Gauss-Jordan como si el infinito fuera una quimera inventada. Pero nosotros sí. En eso estábamos de acuerdo. Y esa rareza nos hermanaba y nos convertía en uno solo frente a los demás. La nuestra era la religión de la insensatez. Pero no hacíamos daño a nadie. Esa es la verdad. Al margen de aquello, todos teníamos nuestras profesiones, éramos cajeros, administrativos, contables; incluso Agustinho llevaba la identificación, las entradas y salidas de la morgue. La mayoría éramos solteros o divorciados. En definitiva, seres tan-genciados que cada viernes adoptábamos ese aire delictivo entre las cajas de refresco para convertir lo anodino de nuestra existencia en algo vagamente presuntuoso. «Será como una clase práctica», ironizó Flavio guardando la carta en el bolsillo, «como si volviéramos a la universidad por un día». Todos coincidimos y juramos pacto de silencio. Flavio se encargó de alquilar el ómnibus y Gaspar —que tenía una hermana que alquilaba habitaciones cerca de la estación— reservó el alojamiento.

4 comentarios

  • Lola enero 2, 2015en9:22 am

    A mí, sin embargo, sí me gustó mucho el que da nombre al libro. Mi sensación es que controla tanto la estructura de los relatos que puede que a veces uno acabe olvidando la trama, pero en general me gustó bastante.

  • Palimp enero 20, 2015en9:03 am

    A mí mucho, el que indico en el texto. El resto me han gustado, ojo, sólo que no demasiado.

  • Lola enero 20, 2015en2:06 pm

    Yo voy a releerlo esta semana, que el día 31 da una charla sobre el libro, a ver si lo puedo estrujar un poco más. Estoy con un halo relato-analítico que no me aguanto ni yo 😛

  • Palimp enero 20, 2015en2:54 pm

    Pues si lo ves pregúntale lo de los cuarterones, que tengo la duda 🙂

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