Manuel Lozano Leyva. El fin de la ciencia.

noviembre 17, 2014

Manuel Lozano Leyva, El fin de la ciencia
Debate, 2012. 412 páginas.

De Manuel Lozano Leyva ya hemos alabado en estas páginas su calidad como divulgador científico con libros como Los hilos de Ariadna o De Arquímedes a Einstein. Libros muy bien escritos, amenos y repletos de jugosas anécdotas.

Se embarca aquí en una labor tan encomiable como difícil; explicar qué es la ciencia para un ciudadano de a pie. El subtítulo es Todo lo que un ciudadano debería saber sobre ciencia y no sabe qué preguntar ni de quién fiarse. Está claro que cada vez más se tienen que tomar decisiones sobre aspectos científicos que pueden cambiar nuestras vidas, y es necesario estar informados sobre ellos. Para aportar claridad sobre estos temas el autor nos presenta tres bloques sobre qué es la ciencia, cuales son sus enemigos y cual es el objetivo de la misma.

La primera parte esboza una breve historia de la ciencia, para saber cómo hemos llegado hasta aquí. El apartado más importante, en mi opinión, es su descripción de cómo funcionan en la actualidad los organismos que la producen y por qué es importante invertir en i+d+i. Me ha gustado porque sabe de lo que habla, y es conveniente conocer el funcionamiento de estos organismos.

En la segunda parte se concentra en los enemigos de la ciencia. Empezando por los internos, entre los que se cuentan la endogamia y la mediocridad. Si estos triunfan en la formación de equipos el progreso está perdido.

Las pseudociencias son una amenaza importante, no tanto a la ciencia como a la percepción de la misma por parte de la gente. Si creemos que tomando un remedio homeopático podemos curar el cáncer es posible que no veamos sentido a dedicar millones de euros para investigación. Pero el peligro más importante es que por motivaciones económicas se están introduciendo estas pseudociencias en la universidad o son practicadas por profesionales médicos porque se ganan mejor la vida. Una anécdota del autor lo explica muy bien:

¿Por qué lo hacen? Sus razones tendrán, pero hay una que destaca entre todas: el dinero. La medicina alternativa está tan extendida que la cifra de negocio que se alcanza es impresionante. Como las estadísticas en este sentido son engañosas por ser dificilísimo establecer, sólo puedo dar un dato. Un médico amigo mío de nuestra época de estudiantes dejó hace unos años su plaza en la Seguridad Social para hacerse «alternativo» y dice que su consulta no la abre por menos de 2.000 euros. Le pedí una aclaración y me lo aclaró: pasa consulta dos días a la semana en dos ciudades distintas, y esa cantidad es la mínima que ingresa cada una de esas tardes. Y, por supuesto, libre de impuestos, porque es dinero tan negro como el alma de Hitler.

Los últimos enemigos están relacionados entre sí: la religión, la ideología y el catastrofismo. En los tres casos el problema es el mismo: no tomar en cuenta los datos reales cuando entran en conflicto con nuestra ideología. Si la biblia dice que dios creo a los seres vivos, la evolución será una mentira. Si tengo determinados intereses económicos es posible que niegue el cambio climático y si creo que las energías tienen que ser renovables me opondré a la energía nuclear. El extremo llega cuando se atenta contra propiedades o los propios científicos, algo que el ecoterrorismo está poniendo de moda. El catastrofismo de los medios de comunicación tampoco ayuda a poner las cosas en su sitio.

Por último se enumeran cuales son los objetivos de la ciencia, que pueden resumirse en mejor conocimiento del mundo que nos rodea y mejor calidad de vida para los seres humanos. Todavía hay muchas cosas sobre el universo que ignoramos -como qué es la energía oscura- y no digamos lo que todavía nos puede aportar para beneficio de todos.

Los temas más candentes son la energía y el medio ambiente, relacionados entre sí. Cada vez necesitamos más energía y el petróleo barato se está agotando. Necesitamos alternativas reales. Por otro lado sabemos que el planeta se está calentando y es algo con lo que tendremos que lidiar. El acceso al agua y a una alimentación correcta es otro de los caballos de batalla.

Todos estos temas pueden afrontarse desde una perspectiva científica y, lo que es más importante, sensata. Éste es el enfoque del autor, que nos presenta un libro muy bien documentado, lleno de anécdotas que, además de aligerar la lectura, explican con claridad los conceptos que se quieren transmitir.

Sólo le veo un problema. Su público objetivo es el ciudadano normal que quiera estar informado sobre cómo funciona la ciencia y debería ser un libro de cabecera de cualquiera con aspiraciones políticas. Pero no creo que vayan a ser sus principales compradores. Ojalá me equivoque.

Apenas hay reseñas en la red, aquí una: El acoso y derribo de la ciencia, según Manuel Lozano Leyva.

Calificación: Muy bueno.

Extractos:
La propuesta de Berners-Lee era transferir información a internet usando hipertexto, el sistema familiar hoy día de apuntar y cli-quear navegando a través de páginas que contienen dicha información. La primera página web de la historia apareció en la Navidad de 1990 y fue http://info.cern.ch/hypertext/WWW/The Project. html, la cual daba información sobre el proyecto WWW. Yo estaba allí, la vi, comenté el asunto con mis compañeros y todos nos encogimos de hombros indiferentes diciéndonos que era otra chichiflau-ta más de los informáticos con la única, sempiterna y aviesa intención de mantenernos a todos mareados.Veinte años después, aquella página se multiplicó por centenares de millones. O sea, que mis amigos, y sobre todo yo, fuimos unas águilas de mirada aguda contemplando en hierática actitud el futuro devenir de la humanidad. Hicimos el mismo papelón que el directivo aquel de IBM que a finales de la década de 1940, como ya he comentado en el capítulo 3, ante el éxito alcanzado por un ordenador de válvulas que ocupaba medio edificio, pronosticó que no preveía un mercado para los ordenadores de más de siete u ocho en todo el mundo.


A principios de 2011 saltó una noticia curiosa a los medios. Unos directivos de Renault fueron despedidos y denunciados ante la justicia por espionaje, ya que habían pasado información a la competencia de algunos intríngulis técnicos del motor eléctrico que estaban desarrollando mil setecientos ingenieros de la multinacional francesa. Las trapacerías y el destino de esos dos pobres hombres que después resultó que no eran crápulas sino inocentes de toda acusación me dejaron bastante indiferente, porque el dato que me sobrecogió fue el de la multitud de técnicos afanados en un desarrollo industrial. ¿Cuántos tendrá dedicados a ese trajín la competencia? Teniendo en cuenta que hay un montón de multinacionales fabricantes de automóviles, el número de ingenieros que andan detrás del coche eléctrico debe de ser estremecedor.

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