Brian W. Aldiss. Mano dura.

febrero 20, 2013

Brian W Aldiss, Mano dura
Salvat, 1987. 172 páginas.
Tit. Or. The hand-reared boy. Trad. A. Ferrándiz.

He leído y disfrutado con muchos libros de Aldiss, generalmente de ciencia ficción, pero no es el caso. Ni es de ciencia ficción ni he disfrutado.

El protagonista es un adolescente que tiene los conflictos propios de su edad y que no parece hacer otra cosa en la novela que masturbarse. No soy pacato ni me escandaliza el tema, más bien me ha cansado tanto tira y afloja. No hay mucho más.

Sólo he encontrado una reseña: Mano dura, con la que coincido completamente. La novela se hace aburrida y como siempre digo en estos casos es difícil aburrir hablando de sexo (aunque sea solitario).

Calificación: Olvidable.

Extracto:
La gente se cree muy enterada acerca de asuntos sexuales hoy día; hablan despreocupadamente de acostarse y demás temas, de adulterio y homosexualidad, lesbia-nismo y abortos. Nunca acerca de masturbación. Sin embargo, la masturbación es la forma más común del sexo, la manera más barata y el placer más inofensivo.
Desde luego, a medida que crecía, me fui elevando a placeres mucho más elegantes.

¿Por qué, me preguntaba a mí mismo, por qué entonces se permitió amputarnos la nuestra a Nelson y a mí? Me parecía un acto hostil. Me preocupaba, y muchas de mis masturbaciones eran alentadas por el secreto deseo de hacer crecer la piel a su estado original.
La mayor parte de la actividad sexual en Branwells era durante la noche, pero sobrevivía vigorosamente durante el día, detrás de los setos, detrás de los edificios, en los baños, en clase y en los rincones de la biblioteca.
Harper Júnior tenía predilección por la biblioteca, quizá por una especie de exhibicionismo; hubiera sido una lástima malgastar el esfuerzo en la oscuridad.
El hermano menor de Harper era una nulidad en muchos respectos. Sus ojos nadaban detrás de gruesas gafas. Sufría de granos tan molestos como dolorosos, tenía los pies planos. Era bueno en los deportes, pero malo en clase; la única cosa que lo redimía espléndidamente a nuestros ojos era su poderosa herramienta.
Clasificábamos los órganos masculinos en dos grupos. Los había, como en mi caso, pequeños en momentos de reposo, pero que se expandían enormemente cuando estaban erectos; y los había grandes cuando flaccidos, pero que no aumentaban mucho cuando se ponían turgentes. En ambas modalidades, todos ellos alcanzaban una longitud de doce a dieciséis centímetros en estado de erección. Pero el de Harper Júnior medía veintidós centímetros en reposo y veintiséis en plena forma. Recuerdo que era casi un pie. Todo ello antes de llegar a la pubertad y adquirir lo que en Branwells se denominaba «pelo pelotario».

Un comentario

  • Rodrigo López enero 5, 2018en1:35 pm

    Cordial saludo

    Estoy interesado en el libro. Donde lo puedo conseguir?
    Medellín Colombia

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