Juan José Millás. No mires debajo de la cama.

febrero 16, 2012

Juan José Millás, No mires debajo de la cama
Suma de letras, 2001. 230 páginas.
Vida de los zapatos

Con lo que me gusta este hombre y la decepción que ha sido este libro. De las cuatro partes que lo componen tiene alguna buena, e incluso alguna página memorable. Pero todo junto, incluyendo esos paseos de los zapatos, me ha resultado infumable.

En reginairae encontrarán resumen y comentario y en Lo que leo les pareció genial. Para gustos…

Calificación: Regular.

Un día, un libro (169/365)

Extracto:
—¿Y no has intentado formar pareja con los otros zapatos impares de la casa?
—Sí, pero no hay nada más ridículo que dos zapatos izquierdos tratando de parecer un conjunto único, con las punteras disparadas hacia fuera. En mi vivienda hay dos zapatillas de andar por casa, una de fieltro y otra de piel, que van juntas con frecuencia, como si formaran un par, pero resultan más patéticas que los que hemos aceptado permanecer solos con dignidad. Además, soy el único mocasín de la casa: los demás zapatos son de cordones y aunque no tenemos nada los unos contra los otros, las diferencias se hacen más patentes cuando estamos juntos.
Los zapatos de Vicente Holgado, que eran de cordones, se sintieron algo incómodos por este comentario y movieron la puntera hacia arriba y abajo, en actitud nerviosa. De nuevo, fueron los zapatos de mujer quienes se encargaron de aliviar la tensión relatando que cierta vez, cuando aún no habían salido de la tienda, el dependiente, después de unas pruebas, los metió por equivocación en cajas separadas, haciéndoles formar pareja con un número menor, el 35 (ellos eran del 36), y aunque intentaron adaptarse, pues la diferencia no era tan
apreciable, estuvieron muy abatidos los dos pares hasta que en el establecimiento advirtieron el error y las parejas volvieron a encontrarse.
A los zapatos de Vicente Holgado les pareció una historia blanda. Alguna vez habían tenido también la fantasía de cambiar de pareja, incluso de convivir con un número mayor o menor, y no les parecía que fuera tan malo. En general, discrepaban del resto de los zapatos en esa visión sentimental de la existencia. De hecho, Vicente Holgado tenía dos pares de mocasines con los que los de cordones no guardaban prácticamente relación porque eran también muy emotivos. Las zapatillas de cuadros viejas, por su parte, aseguraron que en su larga vida no habían conocido a ninguna otra criatura cuyo modo de ser una exigiera este desdoblamiento en dos, excepto los calcetines, que sin embargo disfrutaban siendo confundidos y enrollados con parejas que no les correspondían.

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