Romulo Gallegos. Cuentos venezolanos.

noviembre 15, 2011

Espasa-Calpe, 1949, 1949, 1966. 156 páginas.
Romulo Gallegos, Cuentos venezolanos
Progreso

Me he aficionado a Rómulo Gallegos y en la colección Austral se encuentran bastantes obras suyas a buen precio. En este caso una colección con los siguiente relatos:

Los aventureros
Una resolución enérgica
Los Mengánez
El cuarto de enfrente
El crepúsculo del diablo
Pataruco
La hora menguada
Pegujal
Marina
Paz en las alturas
La fruta del cercado ajeno
La ciudad muerta
Un místico
El Maestro
Los inmigrantes

De tono costumbrista, en muchos se ven los problemas que trae el progreso, que se va infiltrando hasta en las más recónditas aldeas cambiando usos y modos de vida. En otros casos retrata con humor diferentes estratos de la sociedad, de la clase media alta a gente que vive en la indigencia.

Últimamente me van gustando más los cuentos que las novelas de los clásicos que voy leyendo.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (76/365)

Extracto:
Pegujal es un poblacho triste y pobre, lleno de polvo y de moscas, lleno de silencio y de modorra, lleno de infinitas amarguras grandes y pequeñas. Lo rodean unos cerros tinosos, de tierra empedernida y rojiza que van a morir allí en la entrada de los llanos; lo atraviesa un camino por donde se siente pasar la taciturnidad de las pampas desiertas y antaño estuvo sentado en las márgenes de un río que arrastraba un limpio caudal de mansas y abundosas aguas.
En los cerros, mientras dura la estación de las lluvias, verdean y se doran precarios maizales; por el camino transitan, de cuando en cuando, quejumbrosos convoyes de polvorientas carretas, tardos arreos de burros cansinos que marchan dejando en el aire un son de cencerros llenos de melancolía o morosas puntas de ganado, con el cantar de cuyos pastores pasa por el pueblo el alma doliente de las llanuras; del río, que buscó otro cauce por tierras más generosas y se fue por él, sin que de la negligencia de los pegujaleros pudiese salir un pequeño esfuerzo para retenerlo, poniendo una mala estacada en la orilla que las aguas desbordadas lamieron y desmoronaron durante años y años; del río que espejeó la riente verdura de la tierra feraz y por cuyas ondas se deslizaron las canoas colmadas como cuernos de abundancia, sólo queda el lecho enjuto y fangoso que las avenidas del invierno anegan de mortíferos cuantos.
La gente de Pegujal es gente hosca, pachorrenta, roída por minúsculos rencores de una hoguera de odios ancestrales en cuyo rescoldo escarban los espectros de las razas irreductibles, minada por un pesimismo hecho de indolencia y misantropía[…]

Un comentario

  • Michell octubre 29, 2017en6:29 pm

    Es miy fino porque en castellano me piden cuento de el

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