Miguel Mihura. Tres sombreros de copa.

octubre 8, 2011

Editorial Cátedra, 2001. 154 páginas.

Miguel Mihura, Tres sombreros de copa
Pionero

Había leído otras obras del autor. Incluso representado una de ellas. Pero no había leído ésta, de la que tanto y bien había oído hablar. Que si fue una revolución perdida, que si se adelantó a la vanguardia, tantas buenas palabras que temía una decepción.

El argumento lo pueden leer aquí: Tres sombreros de copa. Un joven está a punto de casarse cuando en su habitación de una humilde pensión irrumpe la farándula.

Pues bien, las críticas tenían razón. Una obra muy adelantada a su tiempo, no sólo un precursor del teatro del absurdo, sino incluso del teatro pánico de Arrabal. Una obra maestra del género que he disfrutado sin reservas. La sensación fue la misma que cuando leí Crónicas de la verdad oculta de Calders, encontrar una joya perdida en el tiempo que no tuvo la suerte que merecía.

Siendo la literatura, como tantas cosas, contingente, estos desencuentros del destino nos privan, seguramente, de otras obras maestras que pudieron ser y no han sido.

Pueden leerla aquí:

Miguel Mihura, Tres sombreros de copa

Calificación: Imprescindible.

Un día, un libro (38/365)


Extracto:[-]

DIONISIO. ¿Qué le sucede?
DON ROSARIO. (Mirando debajo de la cama.) ¡Allí hay una bota!
DIONISIO. ¿De caballero o de señora?
DON ROSARIO. No sé. Es una bota.
DIONISIO. ¡Dios mío!
DON ROSARIO. Algún huésped se la debe de haber dejado olvidada… ¡Y esas
criadas ni siquiera la han visto al barrer!… ¿A usted le parece esto bonito?
DIONISIO. No sé qué decirle…
DON ROSARIO. Hágame el favor, don Dionisio. A mí me es imposible
agacharme más, por causa de la cintura… ¿Quiere usted ir a coger la bota?
DIONISIO. Déjela usted, don Rosario… Si a mí no me molesta… Yo en
seguida me voy a acostar, y no le hago caso…
DON ROSARIO. Yo no podría dormir tranquilo si supiese que debajo de la cama
hay una bota… Llamaré ahora mismo a una criada.
(Saca una campanilla del bolsillo y la hace sonar.)
DIONISIO. No. No toque más. Yo iré por ella.(Mete parte del cuerpo debajo
de la cama.) Ya está. Ya la he cogido. (Sale con la bota.) Pues es una bota muy
bonita. Es de caballero…
DON ROSARIO. ¿La quiere usted, don Dionisio?
DIONISIO. No, por Dios; muchas gracias. Déjelo usted…
DON ROSARIO. No sea tonto. Ande. Si le gusta, quédese con ella.
Seguramente nadie la reclamará… ¡Cualquiera sabe desde cuándo está ahí
metida…!
DIONISIO. No. No. De verdad. Yo no la necesito…
DON ROSARIO. Vamos. No sea usted bobo… ¿Quiere que se la envuelva en un
papel, carita de nardo?
DIONISIO. Bueno, como usted quiera…
DON ROSARIO. No hace falta. Está limpia. Métasela usted en un bolsillo.
(DIONISIO se mete la bota en un bolsillo.)As í…
DIONISIO. ¿Me levanto ya?
DON ROSARIO. Sí, don Dionisio, levántese de ahí, no sea que se vaya a
estropear los pantalones…
DIONISIO. Pero ¿qué veo, don Rosario? ¿Un teléfono?
DON ROSARIO. Sí, señor. Un teléfono.
DIONISIO. Pero ¿un teléfono de esos por los que se puede llamar a los
bomberos?
DON ROSARIO. Sí, señor. Y a los de las Pompas Fúnebres…
DIONISIO. ¡Pero esto es tirar la casa por la ventana, don Rosario!(Mientras
DIONISIO hab la, DON ROSARIO saca de la maleta un chaquet, un pantalón y unas
botas y los coloca dentro del armario.) Hace siete años que vengo a este hotel

y cada año encuentro una nueva mejora. Primero quitó usted las moscas de la cocina y se las llevó al comedor. Después las quitó usted del comedor y se las llevó a la sala. Y el otro día las sacó usted de la sala y se las llevó de paseo, al campo, en donde, por fin, las pudo usted dar esquinazo… ¡Fue magnífico!
Luego puso usted la calefacción… Después suprimió usted aquella carne de membrillo que hacía su hija… Ahora el teléfono… De una fonda de segundo orden ha hecho usted un hotel confortable… Y los precios siguen siendo económicos… ¡Esto supone la ruina, don Rosario…!

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