Federico García Lorca. Así que pasen cinco años.

enero 11, 2010

RBA editores, 2008. 70 páginas.

Federico García Lorca, Obras completas
Larga espera

Mi primera referencia de esta obra fue al escuchar una conferencia de la fundación March. Por el argumento allí expresado me la imaginaba de otra manera, menos surrealista. Porque aunque el argumento sea sencillo -un joven hace esperar a su novia cinco años para formalizar relaciones y cuando llega el momento ella ya está con otro- el tema está en otro sitio: el transcurso del tiempo.

Lenguaje desenfadado y surrealista, profundo y esquivo. No cuenta; despierta las imágenes dormidas que ignorábamos tener. Además, sonaba la melodía de Kiko Veneno acompañando la lectura:

El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.

Una deliciosa sorpresa. Una manera de vencer al tiempo.

Léelo aquí:

Así que pasen cinco años


Extracto:[-]

Bosque. Grandes troncos. En el centro, un teatro rodeado de cortinas barrocas con el telón
echado. Una escalerita une el tabladillo con el escenario. Al levantarse el telón cruzan entre los
troncos dos Figuras vestidas de negro, con las caras blancas de yeso y las manos también
blancas. Suena una música lejana. Sale el Arlequín. Viste de negro y verde. Lleva dos caretas, una
en cada mano y ocultas en la espalda. Acciona de modo rítmico, como un bailarín.
ARLEQUÍN.
El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.
(Se pone una careta de alegrísima expresión.)
¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
(Se quita la careta.)
El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
(Se pone una careta de expresión dormida.)
¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
(Se la quita.)
Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
(Con una careta.)
¡Ay cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
(Con la otra careta.)
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
(Desde este momento se oirá en el fondo durante todo el acto, y con medidos intervalos, unas
lejanas trompas graves de caza. Aparece una Muchacha vestida de negro, con túnica griega.
Viene saltando con una guirnalda.)
MUCHACHA.
¿Quién lo dice,
quién lo dirá?
Mi amante me aguarda
en el fondo del mar.
ARLEQUÍN. (Gracioso.)
Mentira.
MUCHACHA.
Verdad.
Perdí mi deseo,
perdí mi dedal,
y en los troncos grandes
los volví a encontrar.
ARLEQUÍN. (Irónico.)
Una cuerda muy larga.
MUCHACHA.
Larga; para bajar.
Tiburones y peces
y ramos de coral.
ARLEQUÍN.
Abajo está.
MUCHACHA. (En voz baja.)
Muy bajo.
ARLEQUÍN.
Dormido.
MUCHACHA.
¡Abajo está!
Banderas de agua verde
lo nombran capitán.
ARLEQUÍN. (En alta voz y gracioso.)
¡Mentira!
MUCHACHA. (En altavoz.)
¡Verdad!
Perdí mi corona,
perdí mi dedal,
y a la media vuelta,
los volví a encontrar.
ARLEQUÍN.
Ahora mismo.
MUCHACHA.
¿Ahora?
ARLEQUÍN.
Tu amante verás
a la media vuelta
del viento y el mar.
MUCHACHA. (Asustada.)
¡Mentira!
ARLEQUÍN.
¡Verdad!
Yo te lo daré.
MUCHACHA. (Inquieta.)
No me lo darás. No se llega nunca al fondo del mar.
ARLEQUÍN. (A voces y como si estuviera en el circo.)
¡Señor hombre, acuda!
(Aparece un espléndido Payaso, lleno de lentejuelas. Su cabeza empolvada dará sensación
de calavera. Ríe a grandes carcajadas.)
ARLEQUÍN.
Usted le dará
a esta muchachita…
PAYASO.
Su novio del mar.
(Se remanga.)
Venga una escalera.
MUCHACHA. (Asustada.)
¿Sí?
PAYASO. (A la Muchacha.)
Para bajar.
(Al público.)
¡Buenas noches!
ARLEQUÍN.
¡Bravo!
PAYASO. (Al Arlequín.)
¡Tú, mira hacia allá!
(El Arlequín, riendo, se vuelve.)
¡Vamos, toca!
(Palmotea.)
ARLEQUÍN.
¡Toco!
(El Arlequín toca un violín blanco con dos cuerdas de oro. Debe ser grande y plano. Canta.)
PAYASO.
Novio, ¿dónde estás?
ARLEQUÍN. (Fingiendo la voz.)
Por las frescas algas
yo voy a cazar
grandes caracolas
y lirios de sal.
MUCHACHA. (Gritando, asustada de la realidad.)
¡No quiero!
PAYASO.
¡Silencio!
(El Arlequín ríe.)
MUCHACHA. (Al Payaso, con miedo.)
Me voy a saltar
por las hierbas altas.
Luego nos iremos
al agua del mar.
ARLEQUÍN. (Jocoso y volviéndose.)
¡Mentira!
MUCHACHA. (Al Payaso.)
¡Verdad!
(Inicia el mutis llorando.)
¿Quién lo dice?
¿Quién lo dirá?
Perdí mi corona,
perdí mi dedal.
ARLEQUÍN. (Melancólico.)
A la media vuelta
del viento y el mar.
(Sale la Muchacha.)
PAYASO. (Señalando.)
Allí.
ARLEQUÍN.
¿Dónde? ¿A qué?
PAYASO.
A representar.
Un niño pequeño
que quiere cambiar
en flores de acero
su trozo de pan.
ARLEQUÍN. (Levemente incrédulo.)
¡Mentira!
PAYASO. (Severo.)
¡Verdad!
Perdí rosa y curva,
perdí mi collar,
y en marfil reciente
los volví a encontrar.
ARLEQUÍN.
¡Señor hombre! ¡Venga!
(Inicia el mutis.)
PAYASO. (A voces y mirando al bosque y adelantándose al Arlequín.)
¡No tanto gritar!
¡Buenos días!
(En voz baja.)
¡Vamos!
Toca.
ARLEQUÍN.
¿Toco?
PAYASO.
Un vals. (En alta voz.)
(El Arlequín empieza a tocar. En voz baja.)
¡Deprisa!
(En alta voz.)
Señores:
voy a demostrar…
ARLEQUÍN.
Que en marfil reciente
los volvió a encontrar.
PAYASO.
Voy a demostrar…
(Sale.)
ARLEQUÍN. (Saliendo.)
La rueda que gira
del viento y el mar.

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