Federico García Lorca. El público.

abril 20, 2009

RBA editores, 2008. 80 páginas.

Federico García Lorca, Obras completas
Fuera caretas

Esta obra tiene la frase a medida: es una defensa del amor homosexual. No digo que no, pero hay más. Un texto surrealista, en el que aparecen caballos y centuriones, un director y un traje de Arlequín. La presencia de la muerte.

Es una obra para leer de a poco, saboreando escenas y matices. La presencia de la homosexualidad no es lo más relevante, e incluso me atrevería a decir que en otras obras del autor, aunque no tan claramente, se hace una defensa del amor, sea del tipo que sea. Lo comentaré en su momento.

Me ha sorprendido encontrarme la canción del Pastor Bobo, que ya conocía por Los Enemigos;

El pastor bobo guarda las caretas.
Las caretas
de los pordioseros y de los poetas
que matan a las gipaetas
cuando vuelan por las aguas quietas.
Careta
de los niños que usan la puñeta
y se pudren debajo de una seta.
Caretas
de las águilas con muletas.
Careta de la careta
que era de yeso de Creta
y se puso de harinita color violeta
en el asesinato de Julieta.
Adivina. Adivinilla. Adivineta
de un teatro sin lunetas
y un cielo lleno de sillas
con el hueco de una careta.
Balad, balad, balad, caretas.
(Las Caretas balan imitando las ovejas y alguna tose.)
Los caballos se comen la seta
y se pudren bajo la veleta.
Las águilas usan la puñeta
y se llenan de fango bajo el cometa,
y el cometa devora la gipaeta
que rayaba el pecho del poeta

Puedes leerlo aquí:

El público


Extracto:[-]

DIRECTOR. Eso es precisamente lo que se hace en el teatro. Por eso yo me atreví a realizar un dificilísimo
juego poético en espera de que el amor rompiera con ímpetu y diera nueva forma a los trajes.
PRESTIDIGITADOR. Cuando dice usted amor yo me asombro.
DIRECTOR. Sea sombra, ¿de qué?
PRESTIDIGITADOR. Veo un paisaje de arena reflejado en un espejo turbio.
DIRECTOR. ¿Y qué más?
PR ESTIDIGITADOR. Que no acaba nunca de amanecer.
DIRECTOR. Es posible.
PRESTIDIGITADOR.
(Displicente y golpeando la cabeza de caballo con las yemas de los dedos.)
Amor.
DIRECTOR.
(Sentándose en la mesa.)
Cuando dice usted amor yo me asombro.
PRESTIDIGITADOR. Se asombra, ¿de qué?
DIRE CTOR. Veo que cada grano de arena se convierte en una hormiga vivísima.
PRESTIDIGITADOR. ¿Y qué más?
DIRECTOR. Que anochece cada cinco minutos.
PRESTIDIGITADOR.
(Mírándolo fijamente.)
Es posible.
(Pausa.)
Pero, ¿qué se puede esperar de una
gente que inaugura el teatro bajo la arena? Si abriera usted esa puerta se llena ría esto de mastines, de
locos, de lluvias, de hojas monstruosas, de ratas de alcantarilla. ¿Quién pensó nunca que se pueden
romper todas las puertas de un drama?
DIRECTOR. Es rompiendo todas las puertas el único modo que tiene el drama de justificarse, viendo por
sus propios ojos que la ley es un muro que se disuelve en la más pequeña gota de sangre. Me repugna el
moribundo que dibuja con el dedo una puerta sobre la pared y se duerme tranquilo. El verdadero drama es
un circo de arcos donde el aire y la luna y las criaturas entran y salen sin tener un sitio donde descansar.
Aquí está usted pisando un teatro donde se han dado dramas auténticos y donde se ha sostenido un
verdadero combate que ha costado la vida a todos los intérpretes.
(Llora.)
CRIADO.
(Entrando precipitadamente.)
Señor.
DIRECTOR. ¿Qué ocurre?
(Entra el Traje Blanco de Arlequín y una Señora vestida de negro con la cara
cubierta por un espeso tul que impede ver su rostro.)
SEÑORA. ¿Dónde está mi hijo?
DIRECTOR. ¿Qué hijo?
SEÑORA. Mi hijo Gonzalo.
DIRECTOR.
(Irritado.)
Cuando terminó la representación bajó precipitadamente al foso del teatro con ese
muchacho que viene con usted. Más tarde el traspunte lo vio tendido en la cama imperial de la
guardarropía. A mí no me debe preguntar nada. Hoy todo aquello está bajo la tierra.
EL TRAJE DE ARLEQUÍN.
(Llorando.)
Enrique.
SEÑORA. ¿Dónde está mi hijo? Los pescadores me llevaron esta mañana un enorme pez luna, pálido,
descompuesto, y me gritaron: ¡Aquí tienes a tu hijo! Como el pez manaba sin cesar un hilito de sangre
por la boca, los niños reían y pintaban de rojo las suelas de sus botas. Cuando yo cerré mi puerta sentí
como la gente de los mercados lo arrastraban hacia el mar.
EL TRAJE DE ARLEQUÍN. Hacia el mar.
DIRECTOR. La representación ha terminado hace horas y yo no tengo responsabilidad de lo que ha
ocurrido.
SEÑORA. Yo presentaré mi denuncia y pediré justicia delante de todos

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