Ronald Harwood. Prendre partit.

enero 30, 2006

Institut del teatre, 1995. Biblioteca teatral. 113 páginas.
Tit. Or. Taking sides. Trad. Joaquim Mallafrè.
6 personajes. 4 hombres y 2 mujeres.

PrendrePartit
Director polémico

Nada sabía del contenido de esta obra de teatro -comprada, como ya saben, junto con otras noventa-, pero cuando vi en la contraportada que era acerca del director de orquesta Wilhelm Furwängler se me hizo la boca agua. Sobre Fürwangler quizá pudiera decirnos más nuestro amigo Carl Philip, pero les avanzaré algún dato para que se pongan en situación.

Nacido en 1886, es uno de los mejores directores de orquesta del siglo XX y, a decir de muchos, quizás el mejor de toda la historia. Una de sus características más peculiares era su uso del tiempo. Una misma sinfonía, dirigida por él en dos conciertos diferentes, podía llegar al extremo de durar treinta minutos más -sin que nadie lo percibiera-. Fue enemigo acérrimo de Herbert von Karajan del que decía que era un director intelectual. No vive la música que dirige, como si fuera nueva cada cez. Sólo sabe dirigir lo que le interesa, los matices. Por eso los matices resultan exagerados; los tiempos lentos son demasiado lentos y los rápidos demasiado rápidos.

Cuando llegó Hitler al poder permaneció en alemania, lo que fue usado por el Reich como propaganda, aunque él nunca tuvo -a diferencia de Karajan- carnet del partido. Su postura crítica lo puso en una situación difícil. En alemania era considerado un héroe; plantaba cara a Hitler y ayudó a muchas familias a salir del país. Fuera de alemania era considerado un colaborador de los nazis, hasta el punto que no pudo realizar una gira en los Estados Unidos por las presiones del colectivo de directores alemanes establecidos allí.

De la dinámica entre el arte y el poder se encarga esta obra; acabada la guerra el comandante Steve Arnold, un americano sin ninguna sensibilidad musical, se encargará de investigar si se puede procesar a Fürwangler por crímenes de guerra. Los interrogatorios a colaboradores y al mismo Fürwangler conforman un argumento con una estructura clásica, de tragedia griega.

Escrita para ser representada en el aniversario de la muerte de Fürwangler, la obra es un homenaje y un panegírico a su figura, algo que no disminuye su calidad. Al contrario; el cariño del dramaturgo por el director y el contraste con la figura del comandante al que no le importa que Fürwangler sea una figura de fama mundial da como resultado una pieza de excelente factura. Una delicia.

(Un día, un libro 294/365)
Escuchando: Vuélveme loco. El hombre gancho.

No hay comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *